Ramiro Díaz tiene 99 años y desde que se jubiló comenzó dedicarse a la actuación. Casi por casualidad encontró su pasión.

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Se dio por una gran casualidad. Nunca había subido el escenario, atendía la boletería, un día faltaba quién hiciera de curandera en una obra y fui yo. Desde ese día no me bajé más. Me gustaba ver el teatro pero el escenario me daba miedo. El conjunto y el director me empujaron a subir”, recordó el hombre.

Y aseguró: “El aplauso de la gente hizo que no me bajara más. Yo me pregunto qué haría si hubiese empezado de chico, pero nunca es tarde. No hay que dejarse llevar por la vejez, hay que mantener obligaciones, si te sentás pedís que te levanten. Con obligaciones y el estudio hace que se trabaje y nos mantengamos siempre vigentes”.

Ramiro asevera que mantenerse activo lo ayuda a continuar con su gran pasión. “Estando con los compañeros uno va aprendiendo y recuerda, siempre va queriendo darle algo nuevo a la mente para que no se duerma. Mi familia siempre está conmigo, Dios me saluda y le digo ya voy. Pero acá estoy”, agrega.

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