Hacía apenas unos años que, con el regreso de la democracia, a Alicia Ramos Fondeville le habían dado un cargo que a las mujeres hasta entonces se les mezquinaba. Primero defensora oficial de Menores y Ausentes y, poco después, jueza de la Cámara Penal que en 1989 la puso ante los ojos del mundo: presidió el tribunal encargado de juzgar a Carlos Monzón, el múltiple campeón mundial acusado de asesinar a su pareja, Alicia Muñiz.

“El juicio no fue difícil, estaba más que claro”, dice ya retirada de la función judicial y segura de haber actuado en el caso lejos de las pasiones que por aquellos días rodeaban a los tribunales marplatenses. Los que coreaban al acusado como el ídolo deportivo que fue y los -menos por cierto- que pedían condena por ser un criminal.

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“¿Por qué la pena de 11 años de cárcel? He sido jueza no condenatoria, lo que no quería era impunidad”, dijo para explicar que nunca fue partidaria de penas altas porque cree que las cárceles no rehabilitan. ¿Y por qué los atenuantes? Ramos Fondeville sostiene que la misma violencia que a Monzón lo llevo al cenit de su fama “es la misma que lo precipitó” hacia este final.

Del desarrollo del juicio destaca algunos puntos clave. Primero la ausencia de testimoniales que sumen al esclarecimiento. Cita el caso de Rafael Crisanto Báez, “el cartonero”. “Fue totalmente desechable”, explicó a Canal 10 y Ahora Mar del Plata. La otra, y que cree fundamental, el rol de los peritos.

“Con este caso cambió hasta la forma de hacer autopsias”, recordó la jueza. La segunda vez que se abrió el cadáver fue en la Morgue Judicial de la Nación y allí se aplicó el método “copa de champagne”. “Así se pudo ver la destrucción en el cuello por la mano de Monzón”, recuerda sobre efectos de una fuerza estimada en 15 kilos.

Finalizado el juicio, los tres jueces que componían la Cámara Penal se retiraron en un mismo automóvil por una puerta lateral. Igual se cruzaron con los fanáticos del boxeador. “Nos esperó una barrabrava que nos dijo de todo, menos bonito, y nos sacudió el auto”, afirma. Ahora, 30 años después, lo puede contar con una sonrisa.

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Es de las que reconoce que el caso marcó un hito judicial y en particular un punto de partida para otro abordaje del tema de la violencia de género. Rescata que finalizado el juicio se empezaron a crear las comisarías de la mujer, donde las víctimas de golpeadores (familiares o ajenos) se pudieron acercar para una atención más adecuada.

Y en cuanto a la calificación del hecho, dijo que fue la que correspondía para ese momento según el Código Penal vigente. Hoy, modificaciones de por medio, para ese tipo de casos se implementó la figura del femicidio, para el que se fijan condenas de prisión perpetua. “¿Si el de Alicia Muñiz fue femicidio? Seguramente que sí”, asegura la jueza, sin dudar.

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