El arranque de la semifinal en Abu Dhabi entre Real Madrid y Kashima Antlers abrió la puerta para quienes imaginan la posibilidad de una nueva sorpresa, luego del sacudón para el fútbol mundial que representó la caída de River en la semifinal contra el Al Ain local, que llegó al torneo por invitación.

Las primeras ocasiones de riesgo, de hecho, fueron para los japoneses. A los 3 minutos estuvieron cerca con un remate lejano que desvió Courtois. Y en el corner subsiguiente la pelota cruzó el área a centímetros de la línea de gol y por milagro no llegó nadie a empujarla.

Real Madrid, sin el juego de otras épocas, tenía el poder de fuego para contestar, aunque le costaba aproximarse al arco de Sun-Tae Kwoun. Apenas algún tiro desde lejos de Benzema que quedó en las manos del arquero y una buena jugada de Bale, que luego de enganchar en el área sacó un remate pifiado con la derecha, su pierna menos hábil. Demasiado poco el campeón de Europa.

Pero de a poco el equipo español fue inclinando la balanza hacia su lado. Por lo pronto, prácticamente dejó de sufrir en el campo propio y empezó a tejer algunos hilos para generar peligro. Y a los 41 minutos, un rato de inspiración de dos de los cracks con los que cuenta el Real permitió la apertura del marcador, con una pared de potrero entre Bale y Marcelo que el galés definió con suma precisión.

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Confiado por la ventaja, Real Madrid despejó las dudas y salió en el complemento a liquidar la historia. Y cuando un coloso como el equipo merengue se propone de veras algo, es difícil que no lo consiga.

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Kashima trató de aguantar el temporal, pero apenas ocho minutos pudo soportar el embate del Madrid. Un error grosero en defensa, entre un pase comprometido y un defensor que no atinó a rechazar el peligro, le cayó como regalo del cielo a Bale, que se abrió su camino y definió de derecha sin oposición.

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Si todavía cabía alguna duda sobre el marcador, la terminó de despejar dos minutos después el gales, que estaba en una noche mágica. Otra vez asistido por Marcelo, definió cruzado arriba ante el achique del arquero para poner, en una noche mágica, el tercero del Madrid y de su cuenta personal.

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El gol de Shoma Doi a 12 minutos del final sirvió apenas para decorar el resultado y como módico premio al equipo japonés, que había jugado una digna primera parte. Real Madrid era, a fin de cuentas, demasiado oposición. Y puede ser que el fútbol se haya emparejado, pero todo tiene un límite. Los de Solari, después del batacazo de Al Ain un día antes, se encargaron de marcarlo y ahora buscarán repetir en la final.

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