Vera Álvarez, investigadora del Conicet Mar del Plata, fue galardonada con el Premio Nacional L’Oréal-Unesco “Por las Mujeres en la Ciencia” en colaboración con el Conicet. Multipremiada, con una carrera brillante y proyectos revolucionarios, desarrolló un material antiviral y desinfectante para fabricar telas.

Álvarez es profesora adjunta con dedicación exclusiva de la Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP) e investigadora principal de Conicet en el Instituto de Investigaciones en Ciencia y Tecnología de Materiales. Además, desempeña cargos de gestión: es Subsecretaria de Vinculación y Transferencia Tecnológica de la UNMdP y es la vicedirectora del Intema, dirige el Grupo de Materiales Compuestos Termoplásticos (CoMP) y desde 2012 forma parte del Consejo de Administración de la Fundación Argentina de Nanotecnología.

El viernes, durante la ceremonia, Álvarez fue premiada por el por el desarrollo de un material antiviral y desinfectante que puede incluirse en matrices de distinto tipo. El proyecto, que dirige junto a la investigadora de Conicet Verónica Lasalle, tiene como objetivo ser utilizado en la producción de telas para indumentaria, ropa de protección sanitaria: mascarillas, guantes, ambos y otros insumos hospitalarios como sábanas.

El híbrido polimérico-inorgánico es tan versátil que además podría ser utilizado en otras superficies de acceso masivo, como pisos y paredes de hospitales, edificios públicos como bancos o escuelas y desinfección de medios de transporte.

Álvarez nació en Quilmes y cuando tenía ocho años la familia se trasladó a Mar del Plata. Desde el inicio de su recorrido académico supo que quería seguir en investigación. Cuando se acercaba el final de su carrera Analía Vázquez le propuso solicitar una beca de la Fundación Antorchas para poder iniciar el recorrido doctoral.

Vázquez la dirigió en su trabajo doctoral e inspiró, según sus propias palabras, a amar la ciencia y buscar el aporte a la sociedad. Su convicción puede resumirse en sus propias palabras: “Cuando alguien que trabaja 12 horas, viaja en colectivo, compra un paquete de yerba y paga sus impuestos está pagando mi sueldo, eso es una responsabilidad sobre la espalda de quienes trabajamos en el sistema científico público, tenemos la capacidad de devolver algo tenemos que hacerlo. Para mí es una obligación ética y moral tratar de devolver algo y creo que este proyecto de alguna manera me está dando esa posibilidad en este momento y por eso estoy agradecida de ser parte de este equipo”.

Mamá de Ana y Emma y compañera Matías, remarca constantemente que el trabajo científico es grupal: “Nadie hace las cosas solo, y este proyecto es llevado adelante por todo un equipo en este contexto, con sus dificultades pero también con muchísimo apoyo de la Agencia de Investigación Innovación y Desarrollo que tomó la decisión de apoyar la investigación local, los 84 ideas proyectos, en lugar de importar todo lo que se necesitaba para combatir esta pandemia.”

La investigación alberga otro aspecto indispensable: el acompañamiento en la formación académica de otras personas. “Es fascinante construir y desafiarnos como grupo de investigación a aportar ideas, combinarlas y que la solución sea mucho más rica”.

Por eso el grupo de Materiales Compuestos Termoplásticos (ComP) reúne gente de distintas disciplinas, geografías, género y edades. “Desde la ciencia y la tecnología podemos aportar a cambiar muchas visiones estereotipadas que hay del mundo en distintas cuestiones, ya sea con el género, las edades, el sector social del que venimos y todas las variantes que se pueden considerar a la hora de formar un equipo de trabajo, que pueda tener estas múltiples participaciones”, explica orgullosa.

Emocionada y agradecida por lo que el Premio Loreal-UNESCO 2020 significa para ella explica que este galardón también es el reconocimiento de las barreras que las mujeres tienen que afrontar dentro de la ciencia. “Los premios siempre significan que una está haciendo las cosas bien, que tus pares valorizan el trabajo que estamos haciendo. Este reconocimiento en particular aporta desde su lugar para que las mujeres seamos reconocidas, y se hable de la brecha que para muchos es un asunto desconocido”.

Todos los esfuerzos deben enfocarse en jerarquizar el rol de la mujer en la ciencia, y refiere a su propia trayectoria: “El hecho de que algunas mujeres logramos llegar a lugares de toma de decisión no quiere decir que todas pueden hacerlo. Eso no es cierto y muchas veces no tiene que ver ni con el desarrollo ni con el aporte ni con la valoración sino simplemente con una cuestión de género”, explica e ilustra con una anécdota que suena familiar pero inaceptable en pleno siglo XXI: “Hay lugares donde no podemos ir a trabajar simplemente porque no hay baños de mujeres”. Algo que ella misma vivió en su época de estudiante al no poder haber ido a realizar una pasantía para la que fue seleccionada.

Hay que redoblar esfuerzos en este contexto de pandemia, porque el teletrabajo deja a muchas mujeres científicas relegadas de su trabajo por encargarse de las tareas de cuidado, algo que puede verse en la merma de la cantidad de publicaciones inferior durante los últimos meses”, agrega Álvarez.

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