Por Federico Bruno

“Deslizarse”. Así define al surf Ricardo, con una larga vida dedicada al mar, a la investigación y al buceo científico: "Al ser humano le apasiona deslizarse, le produce una sensación muy placentera ya sea sobre el agua, en la nieve o en una empinada bajada con bicicleta".

Su relación con el surf comenzó como una travesura en su paso a la adolescencia, cuando un día fueron con su primo a Playa Grande a barrenar olas y divisaron a dos personas que, en olas gigantescas, usaban patas de rana, algo que aún no se fabricaba en la Argentina. Desde el mar no llegaban a ver qué era lo que tenían en los pies para poder barrenar olas tan grandes, pero entendieron para qué servía. Más cerca, escucharon que los desconocidos no hablaban "ni español ni inglés". Lejos de darse por vencidos, los siguieron hasta el puerto donde comprobaron que eran tripulantes de un buque pesquero extranjero. Finalmente los convencieron de comprárselas y, de esta forma, pudieron también barrenar olas enormes y conocer su verdadera dinámica.

Ricardo nació en Buenos Aires en 1942, pero veraneó siempre en Mar del Plata donde aprendió a nadar a los 4 años en aguas abiertas junto a José, un entrañable bañero-guardavidas de la playa Bristol.

Estudió en la ciudad de La Plata y se instaló definitivamente durante la década de los 60 en Mar del Plata para integrarse al nuevo Instituto de Biología Marina de Playa Grande (hoy la actual Normandina). “El mar era distinto en ese entonces, menos contaminado, sus recursos pesqueros muy poco explotados y la fisonomía del puerto distaba a la que hoy conocemos. El sector interno de la Escollera Norte originalmente era hueco y allí se formaba una lagunita de agua muy transparente que se convirtió en uno de los lugares donde se inició el buceo en Mar del Plata en la década del 50”.

Cuenta Bastida que "el surf comenzó en Argentina a mediados de los 60, en esa época a estos pioneros los contabas con los dedos de la mano. Uno de ellos fue mi gran amigo Ricardo Mandojana y juntos fuimos también parte del grupo pionero del buceo en la Argentina”. Mandojana fue el primer embajador del surf argentino en muchas regiones del mundo y, en particular en Hawaii, donde además actuó como médico de la Armada Norteamericana, logrando el rango de Coronel y, a su muerte, condecorado con los máximos honores militares.

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Ricardo Bastida, aficionado por los deportes acuáticos y las olas, es Doctor en Ciencias Naturales y Profesor Emérito de la Universidad Nacional de Mar del Plata; siempre mantuvo un buen estado físico y cree que su persistencia en el surf es lo que permite que pueda desarrollar la actividad "durante todos los meses del año". "La clave, para la gente de mi edad, es que nunca hay que dejar de hacerlo. Ahora hay trajes de neoprene muy buenos, algunos de 3 y 4 milímetros de espesor, que permiten que puedas surfear incluso en el invierno; creo que quien esté tomando mate en la costa -en otoño o invierno- va a tener más frío que un surfista en el agua", aclara el especialista.

En el año 1964 Ricardo viajó a especializarse en el Instituto Scripps, de California, en investigaciones del fondo del mar que requerían las técnicas del buceo autónomo, y por eso pasaba muchas horas buceando, una actividad que realiza desde su adolescencia cuando participó en las primeras expediciones subacuáticas en las costas patagónicas. En su estadía en Estados Unidos, sus jóvenes colegas dedicaban parte del tiempo libre también al surf, mientras que para él "todo era buceo": "Algunos surfeaban y yo un poco lo hice, pero en esos tablones largos conocidas como longboards; aún no habían surgido las tablas más cortas. Afortunadamente me adapté rápidamente porque siempre tuve facilidad, estado físico y buena salud, y Dios me acompañó".

Sin embargo, no recuerda a nadie que le haya enseñado a surfear. "En el pasado, nadie te enseñaba y había muy pocos documentales de surf para copiar las técnicas; actualmente hay muchas escuelas y de ahí lo popular que es el surf en las últimas décadas”.

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<p>La primera ola que surfeó Ricardo Bastida con 79 años, en febrero pasado en Santa Clara del Mar</p>

La primera ola que surfeó Ricardo Bastida con 79 años, en febrero pasado en Santa Clara del Mar

“Tengo unos 48 años como surfista en Mar del Plata y por mi trabajo de biólogo marino viví en distintos países. Cuando regresé de Venezuela en el 73 me enganché plenamente y no abandoné nunca al surf", rememora Ricardo y agrega que "no sabe" con certeza "si fue primero el amor por el mar, el buceo o la biología".

"Tenemos que cuidar el mar para que todos puedan cumplir con estos rituales durante muchas generaciones más", subraya el biólogo surfista, que recibe su cumpleaños cada 14 de febrero buscando las mejores olas que ofrezca su ciudad "de adopción" o el lugar donde se encuentre en ese momento, y su esposa, Viviana Quse, veterinaria y fotógrafa especializada en deportes, lo retrata desde la orilla en imágenes que serán compartidas entre amigos y familiares.

En un díptico de fotos, con distintos trajes de neoprene, Ricardo envió semanas atrás por WhatsApp: "El tiempo pasa, pero seguimos con el ritual surfístico. La última ola de los 78 años y la primera de los 79. El surf es vida..."

En 2021 reflexionó sobre la idea de "nunca colgar la tabla" y cumplir una vez más con el ritual surfístico de su cumpleaños, casualmente el Día de los Enamorados, “celebración que no existía en Argentina cuando yo era joven pero que encaja bien en cuanto el enamoramiento que uno tiene por el mar y que nunca se puede romper. Muchas personas aún piensan que a los 40 años no podrán iniciarse en el surf o que deberían colgar su tabla. Están totalmente equivocados, pues aún les queda por delante un largo trayecto para deslizarse sobre las olas”.

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<p>Ricardo Bastida con su Calypso Phot, una cámara subacuática de 35mm concebida por el explorador marino Jacques Cousteau</p>

Ricardo Bastida con su Calypso Phot, una cámara subacuática de 35mm concebida por el explorador marino Jacques Cousteau

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<p>Durante una de las campañas de la Calypso durante la década del 60</p>

Durante una de las campañas de la Calypso durante la década del 60

Su vínculo con el mar fue muy amplio: "Buceé en los principales lugares del mundo, fui Presidente del Comité Técnico de la Federación Argentina de Actividades Subacuáticas y llegué a integrar el Comité Técnico Internacional de la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas, cuando estaba liderada por el comandante Jacques-Yves Cousteau. Tuve una buena relación con él y su esposa Simone, y tuve participación en alguna de las campañas del emblemático buque Calypso", revela en esta entrevista.

“La experiencia con el buceo permite conocer el mar y estar completamente acuatizado. Requisito fundamental para ambas actividades”, completa Ricardo.

A pesar de ser un reconocido profesional de la Biología Marina, viajar por el mundo tuvo sus inconvenientes financieros, por eso combinó su gusto y experiencia por la fotografía subacuática, algo que antes "era carísimo y difícil de lograr". De esta manera pudo robustecer sus investigaciones y conocer el mundo "después de vender fotos y filmaciones, publicar artículos en revistas del exterior y convertirme en corresponsal de tres de las revistas de buceo más importante de Europa (Mondo Sommerso, L´Aventure, Suos-mariney CRIS).

Ante la pregunta de cuáles considera los mejores lugares de Argentina para fotografía subacuática, asegura que "sin duda el mejor lugar para la fotografía subacuática en Argentina es el Canal de Beagle, ahí realicé algunas filmaciones en solitario para documentales de la BBC de Londres en el pasado y en la actualidad hay muy buenos fotógrafos subacuáticos en la zona".

Entre su itinerario de viajes, también mencionó algunos destinos surfísticos: "Pude hacerlo en Brasil, Chile, California, México, Hawaii e Islas Galápagos, todos ellos lugares inolvidables tanto por el paisaje como por las olas y su gente".

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<p>Bastida publicó varios libros y recibió decenas de reconocimientos por sus aportes a la ciencia</p>

Bastida publicó varios libros y recibió decenas de reconocimientos por sus aportes a la ciencia

Bastida también se obsesionó con el estudio sobre el viento para encontrar las mejores olas en las playas de la región, algo que hoy consulta en internet en páginas especializadas como Freewaves, Estado del Mar y El Surfero. "Las olas se producen por acción de los vientos, pero no sólo de la costa, sino también a la altura del horizonte", asegura y grafica que "si viene una onda bien marcada de olas, acá en Mar del Plata, y el viento sopla del noroeste los mejores lugares para que rompa con buena forma, que se desplume un poco y tenga una buena pared, hay que irse al norte o al sur, por ejemplo, a Santa Clara o pasando el Faro. Si sopla viento sur, puede ser Playa Grande, Varese o Waikiki. Y el peor viento para Mar del Plata es el noreste o el este, ahí no hay buenas olas en ningún lado".

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"Con la captura del día", el alimento básico de los campamentos en Península de Valdés.

No hubo ni surf ni playa desde marzo a julio de 2020 por la pandemia de coronavirus. En ese entonces Ricardo se perdía mirando la costa desde su departamento contando las horas para volver a entra al mar. "No poder estar en la playa siquiera para nadar me cayó muy mal; para mí el surf es la vida y lo quiero seguir haciendo al menos hasta los 80, pero eso está en manos de Dios y del destino", admite.

"El mar es tan fundamental para nosotros como lo es para el planeta, es uno de los paisajes más dinámicos que existe en cortos períodos; podes pasar en pocos minutos de un mar calmo a un temporal donde todo cambia, la forma de las olas, los vientos,la luz, y, en suma, cómo se siente uno ante la fuerza y la belleza de la naturaleza. Es único".

Sus reflexiones sobre el mar se transforman en una especie de soliloquio, que termina en el mismo lugar donde empezó: "No podría vivir lejos del mar".

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