Rubén Jorge Rossi integró el primer equipo de la Selección Argentina de fútbol que se consagró campeón de un Mundial juvenil. Fue en 1979, en Japón, con César Luis Menotti como entrenador y con Diego Maradona como figura. Rossi, que jugaba de central, nunca dejó de defender los ideales de ese equipo. Casi cuarenta años después de aquel logro, defiende una manera de entender el fútbol, que lleva el sello distintivo del legado de Menotti, al cabo su gran maestro dentro y fuera de la cancha.

Rossi es un especialista en la formación de jugadores. En tiempos de búsqueda de resultados inmediatos, su palabra invita a poner la pelota debajo de la suela y pensar más allá de lo urgente. Director Deportivo de Ben Hur de Rafaela y docente en la Universidad Nacional del Litoral y en la escuela de entrenadores de César Luis Menotti, se enfoca en lo trascendente y, en diálogo con Ahora Mar del Plata, va al hueso. “Acá, haciéndonos los modernos, empezamos a creernos que un jugador va a jugar mejor con la tecnología, por correr con un paracaídas en la espalda, por levantar 100 kilos o hacer pasadas de 400 metros” . Y ya con clima de Mundial, lanza: “España juega como jugaba Argentina hace 40 años”.

-¿Cómo ve a la Selección Argentina de cara al Mundial?

-Yo vivo diciendo que ser campeón del mundo no es una obligación, es una aspiración. Es una ambición que se tiene, muchas veces, exigida hasta por historia. Pero la obligación es cumplir con todos los tiempos que demanda un proceso, un proyecto, una idea futbolística. A partir de cumplir con las obligaciones, esa aspiración siempre está más cerca. Cuando no se cumple con las obligaciones, la aspiración está lejos. Y tenemos que reconocer que hace años que Argentina no cumple con sus obligaciones. No se sabe cuál es el proyecto y no se sabe cuál es la idea futbolística, porque se cambiaron muchos entrenadores de distintas filosofías. ¿Por qué eso no va a afectar a la Selección Argentina? Se arman partidos amistosos no se sabe a dónde, total, mientras haya plata vamos… Desde esa óptica, la aspiración de ser campeón del mundo está lejos. Ahora, el nivel superlativo de los jugadores de Argentina a uno lo invita a soñar. No nos olvidemos que tenemos al mejor jugador del mundo, a uno de los goleadores de la liga Italiana, a uno de los goleadores de la liga inglesa y jugadores de jerarquía como Dybala y Lo Celso.

-O sea que más allá de esas carencias, considera que Argentina puede hacer un buen Mundial.

-Primero que no lo criticaría jamás a Sampaoli ni al que estuviera. ¿Qué voy a decir de un entrenador que agarró hace 6 meses, que los jugadores le llegan 3 días antes de un partido, que no tiene prácticamente tiempo de entrenar, que es casi un seleccionador? Se ve que al equipo le falta ensayo, pero no es problema del entrenador, porque no tiene tiempo. España y Alemania no empezaron hace 3 días, hace muchos años que están trabajando de una misma manera. Ellos sí se pueden dar el lujo de juntar a los jugadores 4 días antes, porque el sistema lo tienen desarrollado, aceitado, tienen un método. Pero en Argentina necesitamos tiempo de trabajo. Ahora, a mí, el nivel de jugadores que tiene Argentina me invita a soñar en grande. Si pasa la primera ronda y se acomoda, no va a ser un rival fácil para ninguno. Si uno viera ese nivel de jugadores en otro equipo se asustaría. Si a usted le dicen que Brasil tiene uno de los goleadores de la liga italiana, al goleador de la liga inglesa, y además tiene al mejor jugador del mundo, usted temblaría. Pero como los tenemos nosotros no valen nada y empezamos a decir que son pechos fríos. Si el fútbol fuera pedir garra, lucha y sacrificio, mi madre podría ser entrenadora.

-¿No siente que hay una carga injusta sobre muchos de estos futbolistas que vienen de ser subcampeones del mundo?

- Estos jugadores llegaron a dos finales de la Copa América, que es el máximo evento del continente, y después fueron subcampeones del mundo. Ahora, cuando acá se instaló durante años que lo único importante era ganar, cuando sacábamos patente de vivos y hacíamos cosas que no correspondían aunque se obtuviera el triunfo y todos miraban para otro lado, cuando la taba cae mal, vienen todos los reproches y uno se empieza a preguntar: ¿No tendremos que manejarnos de otra forma? Ser campeón del mundo no le va a agregar absolutamente nada a Messi, por ejemplo. No va a ser mejor, la historia no lo va a reconocer mejor, porque entre las cinco coronas indiscutidas de la historia del fútbol, que son Alfredo Di Stéfano, Johann Cruyff, Pelé, Maradona y Messi, hay otros dos que no fueron campeones del mundo. ¿Y quién puede negar la importancia que tuvieron en la historia del fútbol Di Stéfano y Cruyff?

-España y Alemania son de los mejores en formación de jugadores y coronaron sus procesos al ganar los últimos dos mundiales. En su metodología, hay mucho de lo que antes se hacía en Argentina. ¿Son los modelos a seguir?

-Coincido. Yo recuerdo durante el Mundial de Sudáfrica, que ganó España, escuché un reportaje que le hacían desde Argentina a un viejito que vivía en España. Había sido el arquero del equipo que más lejos había llegado de su Selección en un Mundial. Y este hombre le termina diciendo al periodista: “Yo no sé que les llama la atención a ustedes, si España juega como jugaban ustedes hace 40 años”. Y es cierto. Nosotros abandonamos el estilo, la idea. Yo jamás jugué en divisiones inferiores, pero en mi barrio jugábamos un juego que le decían el “burrito”. Cuando empecé a jugar profesionalmente lo conocí con otro nombre, porque acá lo desechaban, decían que era una pérdida de tiempo, una estupidez. A veces lo usaban para entrar en calor. Después, cuando fui profesional, le decían el “loco”. Ahora los europeos se lo llevaron y hacen el “rondo”. Ahora el “rondo” es la gran metodología, cuando acá lo teníamos. También en mi barrio jugábamos a patear al arco y a cabecear. Acá decían que era una pérdida de tiempo. En Europa le hicieron un método y ahora se llama “entrenamiento específico”. Y lo peor de todo son los espacios reducidos. Hace 30 años, un grupo de alemanes vino a estudiar dónde estaba el talento de los jugadores argentinos. Entonces, fueron a los barrios. Y en el barrio, nunca jugaban 11 contra 11, porque no había 22 pibes. Jugaban 5 contra 5, 6 contra 6 o 7 contra 7. Ellos se lo llevaron, le dieron un método y lo llamaron “espacios reducidos”. Y nosotros lo compramos. Es decir, todo nuestro modelo lo utilizaron ellos. Acá, haciéndonos los modernos, empezamos a creernos que un jugador va a jugar mejor con la tecnología, por correr con un paracaídas en la espalda, por levantar 100 kilos o por hacer pasadas de 400 metros. Un futbolista tiene que aprender a jugar y a resolver sus problemas dentro del campo de juego y con alguien que lo ayude.

-Ariel Holan remarcó en una entrevista reciente que había poca capacitación de los entrenadores de inferiores. ¿Usted cree que es por eso que ahora cuesta encontrar, entre otras funciones, buenos mediocampistas?

-Nosotros, los formadores, somos los grandes responsables. Pero más responsables que nosotros son muchos dirigentes, analfabetos futbolísticamente, que el único parámetro que tienen para medir el trabajo en divisiones inferiores es el resultado deportivo, algo que podría hacer mi hijo Santino que tiene 12 años. O sea, si el sábado, cuando llego a casa, mi hijo me pregunta cómo salieron las 6 categorías y yo le digo que ganaron las 6, mi hijo me dice: “Qué bien que están trabajando”. Y si le digo que perdieron las 6, me dice: “Qué mal que están trabajando”. Con eso solo alcanzaría parea ser dirigente de fútbol formativo. Esa locura del resultado se trasladó a los entrenadores, que en vez de trabajar en el mejoramiento individual y colectivo de los jugadores, arman equipos para ganar el partido del sábado, que no le importa nadie. En la última temporada que estuve en Colón de Santa Fe, aparecieron muchos jugadores por el trabajo de un montón de gente: Meli fue campeón con Boca, Alario fue campeón de la Libertadores con River y juega actualmente en Alemania; el pibe Conti cumplió 140 partidos en la Primera de Colón y está jugando en Portugal; Poblete está jugando en Francia. ¿Sabe cuántos campeonatos ganaron en Inferiores? Cero. Entonces, un formador debe preocuparse en mejorar a sus futbolistas, en explicarle a los volantes que la pelota no se lleva, se pasa; cuál es la zona de gestación, cuál es la definición; explicarle qué es lo que se defiende en el fútbol, porque tampoco se sabe. Y respetarle la cuna. ¿Por qué no aparecen más los Riquelme, los Bochini? Acá Iniesta no hubiera jugado porque es petiso…

-Usted mencionó a Riquelme, pero ahora cuesta encontrar mediocampistas inclusive de una jerarquía bastante inferior a la de él…

-Hace poco Lucas Biglia estaba en duda para ir al Mundial. ¿Quiénes eran los posibles reemplazantes? ¿Había algún jugador de 22 años como posibilidad? Se estaba hablando de Ponzio, que tiene 36. Entonces, si los reemplazantes de los titulares están ya en la etapa descendente de su carrera, más allá de su buen nivel, imagínese el futuro que le puede esperar al fútbol argentino, más allá de algunas apariciones asombrosas como las de Centurión o Lautaro Martínez. Pero estamos hablando de dos o tres jugadores, cuando antes Argentina exportaba jugadores en forma abrumadora. Ahora el problema también es que a los chicos se lo llevan a los 14 años y no se puede terminar de consolidar. La formación es un proceso.

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“DE LO UNICO QUE ESCUCHO HABLAR EN FORMATIVAS ES DE TRABAJO Y EXIGENCIAS”

-¿Usted nota que los entrenadores disfrutan poco del fútbol en la Argentina? En muchos casos parece que lo sufren…

-Sí, absolutamente. El “Flaco” Menotti dijo una vez: “El fútbol es una hermosa excusa para ser feliz”. Ahora, yo tengo que tener bien en claro cuál es mi rol. A mí me ofrecieron 20 veces dirigir Primera División. Y nunca quise. En mi contrato, una de las cláusulas es que yo no voy a dirigir ninguna división, porque mi vocación es ser formador. Ahora, si usamos las inferiores para que yo llegue a dirigir la Primera, estamos equivocados. También influye que los entrenadores de inferiores ganan dos pesos con cincuenta, y después ven que hay jugadores que formaron ellos junto a otros más, que son vendidos en 50 millones de dólares, cuando ellos no pueden llegar a fin de mes. Otro problema del fútbol actual es quién forma a los formadores. Pero como yo no tengo la verdad, ni mucho menos, me gustaría empezar un debate en donde se discuta un modelo. Hay una vieja frase de Carlos Peucelle que es maravillosa, que dice: “El del fútbol puede ser un futuro trabajo al que se llega jugando. Y se pierde si se empieza trabajando”. Y yo de lo único que escucho hablar en las divisiones formativas es de trabajo, exigencia, responsabilidad. En esas edades, la responsabilidad está puesta en la escuela, no en el juego. El juego es la alegría la felicidad. ¿Cómo un chico va a poder crear, ser feliz y tener gambeta si, cuando llega a una división infantil, le dicen que juegue a un toque? ¿Cómo va a desarrollar la gambeta?

-¿Puede haber un prejuicio sobre el entrenador que deja jugar libre a los chicos, que puede ser acusado de no trabajar lo suficiente?

-El fútbol no está ajeno a la sociedad en la que vivimos. Como en toda profesión, existen los vocacionales, los profesionales y también hay vagos o mediocres. Puede ser que alguien les tire la pelota a los chicos y les diga que hagan lo que quieran. ¡No! Se arman juegos metodológicos, donde el niño desarrolla la creatividad, la imaginación, pero el entrenador fija objetivos. Hay días en los que yo llego y les digo a los chicos: “Hoy armen ustedes el juego. Elijan ustedes”. Hay que entender algo: si yo pudiera enseñar a jugar a la pelota, mi hijo Santino no haría Taekwondo, sería el “9” de las inferiores de Colón o Unión. Yo divido la formación en dos etapas: el aprendizaje de jugar a la pelota, que va hasta los 12 o 13 años. Y el aprendizaje de jugar al fútbol, que es en la etapa posterior. Si el chico no aprendió a jugar a la pelota, al fútbol no va a aprender nunca a jugar. ¿Quién es el mejor maestro para enseñar a jugar a la pelota? El juego.

-¿Puede profundizar sobre esta cuestión?

-El chico tiene que aprender a percibir, analizar y ejecutar las acciones del juego. Pregunto, ¿esas tres acciones las puede realizar corriendo en forma lineal sin una pelota? Esquivan conos, pero esquivar no es engañar, ¡porque a un cono no se lo puede engañar! La gambeta no se puede desarrollar esquivando conos, esquivar es otra cosa. Llevar la pelota no quiere decir saber conducirla. Porque para saber conducirla tengo que tener en cuenta en qué lugar de la cancha estoy, dónde están mis compañeros, dónde están mis rivales. Puede hacer la prueba: dígale a su señora que lleve la pelota adentro del departamento, desde la habitación hasta el living. Y lo va a hacer 10 millones de veces si quiere. Ahora, después la pone en un partido y no la va a poder llevar ni 10 metros. Lo mismo pasa con la recepción, con la gambeta, con todo. Se ignora el juego como la mejor herramienta pedagógica que existe. Hace poco leí que una vez se reunieron Rinus Michels y Arrigo Sacchi. Estaban hablando de formación y Michels le dice: “¿Sabés cuál es la diferencia entre los italianos y los holandeses? Que ustedes, los italianos, para enseñarle a nadar a un niño, lo ponen arriba de una mesa, boca abajo y le piden que mueva brazos y piernas de forma sincronizada. Nosotros, en Holanda, los tiramos al mar…" Esa es la diferencia que hay entre el método global y el método analítico. Pregúntele a 30 jugadores profesionales cómo aprendieron a jugar al fútbol. Si uno solo le dice que aprendió a jugar con un paracaídas en la espalda o esquivando conos, yo nunca más hablo de fútbol. Todos les van a decir que aprendieron jugando. Y después vemos que en los clubes los hacen trabajar. Inentendible.

-Menotti fue una persona clave en su desarrollo como jugador y como persona. ¿Qué puede decir de él?

-Yo trabajo en la escuela de entrenadores de César Luis Menotti, estuve ayer con él revisando contenidos y viendo cosas de la escuela… Yo digo algo, más allá del cariño filial y fraternal que tengo por él: las dos últimas revoluciones el futbol fueron el Milan de Arrigo Sacchi de los 80 y el Barcelona de Pep Guardiola. Ambos han dicho que sus ideas futbolísticas están asentadas sobre los fundamentos de Menotti. Y acá no lo escuchaban... Yo invitaría a cualquiera a que se siente a debatir con Menotti de fútbol. No sólo en una sala, sino en la cancha. Porque por algo Valdano dijo que con el entrenador que más trabajó fue con Menotti; por algo cuando a Agüero le preguntaron por sus mejores entrenadores nombró a Menotti. Cuando le preguntan a Maradona, después de que César lo haya dejado afuera del Mundial 78, también lo eligió a él. Son demasiadas coincidencias, ¿no? Yo siempre que hablo con él me escribo un concepto. Siempre aprendo algo. Eso marca una diferencia con todos. Desde el primer día que lo tuve, en septiembre de 1978, cuando fue la primera vez que fui al juvenil antes de ir al Mundial. Con él, entre tantas cosas, aprendí que en la zona defensiva cuando se da un pase se respalda y no se acompaña; aprendí a no trasladar el balón, a que es importante no abandonar la zona de definición cuando estás defendiendo. Después he procesado todo ese aprendizaje y traté de desarrollar un método junto a entrenadores brillantes.

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