Por Alejandro Almirón

No es casualidad que se la denomine así. En sus más de 50 años de vida recorrió cerca de 800 mil millas náuticas alrededor del mundo, el equivalente a 17 años de navegación en el mar. Una verdadera “joyita” de la Armada Argentina y un emblema de nuestro país.

El viernes 8 de marzo llegó la notificación al Canal que podíamos embarcarnos en la Fragata durante tres días para contar la experiencia a bordo. Junto a Bernardo Boucho, camarógrafo, no dudamos ni un segundo. Desde ese momento hasta el lunes 11 de Marzo, día que zarpamos, todo fue ansiedad, nerviosismo(para no olvidarnos nada), emoción, tanto nuestra como de la familia, amigos y allegados por saber que comenzábamos algo único, lindo y movilizador.

Tras la confirmación, recibimos un mensaje con indicaciones de neceseres que debíamos llevar a bordo: una mochila provista con linterna, agua, cambio de ropa, caramelos y elementos de supervivencia. Rápidamente preguntamos:¿qué vamos a hacer? La respuesta inmediata fue: un simulacro de abandono de la embarcación, algo que se practica habitualmente para adiestrar a la tripulación. ¿Y la mochila? Por las dudas que se llegué a necesitar. Vacilaciones, temores pero sobre todo certezas teníamos por aquellas horas, que estábamos abordando a un hermoso sueño.

¿Qué sabíamos de la Fragata hasta ese momento? Poco. Sólo lo que dicen los libros, enciclopedias digitales o portales. La habíamos podido visitar en alguna oportunidad por su cubierta principal, igual que el resto de los civiles. Hicimos alguna que otra cobertura cuando estuvo amarrada en el puerto. Pero no mucho más que eso. Así dimos comienzo a nuestro viaje.

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PRIMER DÍA

A primera hora abordamos a la embarcación, nos registramos, nos dieron indicaciones y nos llevaron a los camarotes. Cerca de las 11 de la mañana con un sol pleno, partimos rumbo a Puerto Belgrano, donde se encuentra la Base Naval más grande e importante de Sudamérica. A un costado, sonaba la banda sinfónica de la Armada Argentina. Los tripulantes trabajan para terminar de arranchar las amarras. Mientras tanto, la imagen más resonante para nuestros ojos fue como miles de marplatenses y turistas se agolparon en la escollera norte para despedir a la Fragata Libertad. Hasta ahí, quizá no entendíamos la magnitud de lo que estábamos vivenciando, pero comprendimos el cariño, afecto y sentimiento que genera el Buque Escuela. Nunca antes habíamos imaginado estar ahí arriba y menos sentir lo que pasó por nuestros cuerpos en esos momentos.

A cada paso que dábamos hacíamos una pregunta. Queríamos saber de qué se trataba lo que nos iban enseñando y mostrando. Todo nos intrigaba. Cómo eran sus labores, de qué forma se repartían las tareas, cuántos eran los tripulantes a bordo (286 en total de los cuales 127 eran cadetes de primer año) y qué significaban las palabras que utilizaban que forman parte de la jerga marinera (“arranchar”, “michi”,“vergas”, “trinquetes”, “cofa”, sólo por nombrar algunas).

Así fue transcurriendo nuestra jornada inicial, con mucho trabajo por cubrir para estar a la altura de la circunstancias, pero sobre todo con aprendizaje, dado que era la primera vez que realizábamos una navegación de estas características. Podemos decir que fuimos afortunados porque el clima nos acompañó, no sólo por el sol que reflejaba sobre el Mar Argentino, sino también por el viento que nos ayudó para que se desplegaran las velas y nos permitiera navegar de esta manera durante un día. No se escuchaba nada, ni siquiera el ruido de los motores, sólo el sonido del mar de fondo, las gaviotas que se acercaban a algunas embarcaciones que dejaban pescado y el murmullo de los tripulantes. Todo era perfecto y esto recién estaba arrancando.

En este primer día les mostramos todo el trabajo que se realiza en la cubierta principal.

Fragata Libertad, la embajadora de los mares

SEGUNDO DÍA

Después de haber dormido de maravillas en el camarote que nos designaron, cerca de la Sala de Enfermería por si sufríamos alguna descompostura, nos levantamos a las 6 de la mañana. Desde temprano comenzamos nuestra segunda jornada laboral. Decidimos subir a la cubierta principal para poder ver el amanecer, charlar con la dotación que se encontraba haciendo guardia -son 4 horas de trabajo por 8 de descanso- y preguntar por dónde estábamos.

A las 7 de la mañana ya estaba habilitado el desayuno y sonaba por el alto parlante el llamado a Diana (aseo, desayuno y armado de cama para los tripulantes). Nos dirigimos a la cámara de oficiales, donde nos esperaba un rico café con leche con medialunas o tostadas. Esto nos permitió arrancar con más energía porque sabíamos que sería otra jornada ardua de trabajo.

Seguimos con nuestras tareas entablando más charlas con oficiales, guardiamarinas y cadetes. Esto nos hizo entender por qué eligen esta profesión, qué es lo que los motiva para estar lejos de sus familias por tanto tiempo, cuál es su impulso, qué significa para ellosnavegar en la Fragata Libertad. Casi al unísono todos expresaron lo mismo: honor, pasión y amor por la patria, ese amor por la patria llega de diferentes rincones de nuestro país. Muchos de los tripulantes vienen desde el Noroeste o el Litoral, unos lo eligen por herencia familiar, mientras que otros por necesidad económica o como una salida laboral.

Comprendimos como la coordinación, el orden y la disciplina son fundamentales para que haya armonía y mancomunión para desarrollar el trabajo. Todo esto es transmitido por los altos mandos para formar una gran familia dentro de la embarcación. Porque de eso se trata también ser parte de la Marina, es sentirse parte de una familia que defiende los mares argentinos.

Dejamos de navegar a vela porque el viento había cambiado e hizo que nos alejáramos de nuestro destino. Observamos detenidamente el trabajo incansable de los gavieros y los jefes de sección que tuvieron que levantar las velas para los motores entren en funcionamiento.A la tardecita cuando nos empezamos a acercar al destino, el comandante decidió fondear (tirar el ancla) para pasar la última noche.

En este segundo día mostramos un poco más de la intimidad de la Fragata Libertad. Nos adentramos en el trabajo que se realizan en otros sectores que no conocemos habitualmente cuando la visitamos.

Fragata, día 2

TERCER DÍA

El final era inminente. La alegría inconmensurable. Otra vez nos despertamos a las 6 de la mañana para aprovechar la última jornada a bordo de la “Embajadora de los Mares”. Otro amanecer imponente nos deslumbraba. No podía ser diferente nuestra despedida de la Fragata Libertad. El comandante dio el aviso para que levanten el ancla y así dirigirnos hacía la boya indicada donde haríamos el traslado al Buque balicero “Punta Alta”.

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Comenzamos a prepararnos. Alistamos nuestras valijas y mochilas. Mientras tanto, la tripulación hizo lo mismo con la embarcación para despedirnos. La Fragata detuvo su marcha, bajaron el semirrígido al mar y empezamos a descender uno a uno por la escalera ubicada en estribor.

La despedida y cierre quedará para siempre en nuestra memoria. Sin dudas fue un viaje inolvidable que nos permitió conocer el trabajo de los hombres y mujeres de la armada, recorrer la intimidad de la Fragata Libertad y entender el sacrificio que hacen para representar a nuestro país. Desde lo profesional, ha sido la máxima experiencia vivida en tan corto tiempo de profesión. Nos dejó muchas enseñanzas y aprendizajes de cara al futuro.La “Embajadora de los mares” no sólo embelese y conquista los puertos del mundo, sino también, nuestro corazón.

Fragata, día 3

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