Se sabía que Islandia se iba a replegar y que tener la pelota no iba a ser una de sus pretensiones. Que la posesión iba a ser de Argentina, que iba a tener que encontrar la manera de vulnerar la propuesta de un rival férreo, sólido y con una respetable contracción defensiva. También estaba claro, desde mucho tiempo atrás, que Messi necesitaba alguien que le facilite la gestación para recibir la pelota en condiciones favorables. Pero otra vez la Selección cayó en un armado que limitó las posibilidades de su as de espadas.

La inclusión de Lo Celso en el amistoso ante Haití y en los primeros entrenamientos previos al Mundial mostraba una clara intención de despejarle el camino a Messi y de brindarle un socio para conectarse en tres cuartos. Pero la idea no prosperó. Jorge Sampaoli, incluso a contramano de su discurso original, se inclinó por dos mediocampistas centrales de contención para jugar un partido que requería de pases entre líneas y velocidad de circulación. Con Mascherano y Biglia, dos jugadores de probado nivel internacional, hubo superposición de roles. La falencia era previsible: al equipo le faltó fluidez.

A la Selección le sobró un “5”. Con Mascherano para la salida y los relevos era suficiente. Biglia, obligado a posicionarse más adelantado, jugó mal por decantación. Incómodo para recibir entre líneas, quedó retratado en situaciones en las que recibió la pelota de espaldas al arco rival. Su flojo rendimiento, en una posición que no siente, fue tan lógico que debería eximirlo de una crítica feroz.

La falta de juego interior condicionó todo el funcionamiento. Sin posibilidades de pase por adentro (nunca es fácil ante rivales que se repliegan tanto), hubo poco lugar para la sorpresa de Salvio y Tagliafico. Tampoco para el uno contra uno de Meza y Di María. Los Islandeses congestionaron la zona central y, ante la circulación lenta de Argentina, bascularon, doblaron las marcas e impidieron el desequilibrio por las bandas. La Selección podía haber ganado aún en ese contexto si Messi convertía el penal, pero está claro que quedó en deuda en lo colectivo.

De todos modos, nada está perdido para Argentina en este Mundial. Si Sampaoli acierta en el diagnóstico y ajusta, el equipo puede encontrar una mejor versión dentro del torneo. Los cambios masivos no parecen ser la solución para el partido crucial ante Croacia, un rival que deja jugar (y juega) más que Islandia. Conseguir un socio para Messi y ayudarlo en la gestación aparece como una de las premisas para dar un paso hacia adelante y sacarse las malas sensaciones del debut.

Comentá y expresate