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100 clubes de barrio

Clásicos eran los de antes (y en el barrio)

La columna dominical en Ahora Mar del Plata de los profesores de Historia, Eduardo Ferrer y Sebastián Ramirez

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31 de julio de 2022 - 09:04

Por los profesores Eduardo Ferrer y Sebastián Ramirez

¿Cómo se define un clásico en términos socio – deportivos? Sin lugar a dudas, el concepto excede a la rivalidad atlética entre dos equipos dentro del campo de juego. No importa la actividad de la cual se trate, este partido adquiere matices relevantes en los días previos, genera una adrenalina inigualable en los protagonistas, motiva a los simpatizantes con una euforia distinta y genera en todos, un clima posterior extremo, de acuerdo a la bondad o no del resultado.

En la Argentina, el primer partido especial del que se tenga memoria se remonta al 22 de abril de 1906, en el que se enfrentaron dos conjuntos que cobraban relevancia por su concurrencia: Racing Club y River Plate (por entonces los “darseneros”, ya que su cancha se hallaba en la zona portuaria). Dos de los llamados “grandes” fueron protagonistas de aquella justa que conllevó la mirada de los diarios, correspondiéndole el triunfo al primero, por tres tantos a uno.

Definido, entonces, por sus nutridas parcialidades, por un origen geográfico común o por un acontecimiento que se agenda en la memoria de quienes lo vivieron, el denominado clásico es un partido aparte. Mar del Plata no fue la excepción, desde principios del siglo XX trajo consigo la disputa de “matches” que concitaban la atención del gran público local, incluso algunos que ya han pasado al olvido, ocultos por el matiz de las pasiones modernas.

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Kimberley y Peñarol animaron una rivalidad futbolística que muy pocos conocen, pero que ponía en juego el enfrentamiento de los vecinos desde los años 30. Por esa época, el clásico por antonomasia era Independiente - Quilmes, disputado por aquellos pibes que, antaño, jugaban en las veredas de la cuadrícula: San Juan, Libertad, Jujuy y Luro. La posta competitiva la asumirán, sobre fines de los 60, “dragones” y “patas negras”, con un San Lorenzo convertido en candidato de siempre a ganar la liga y representar al fútbol vernáculo en las citas nacionales.

Al norte del arroyo Las Chacras, Once Unidos y Sportivo Norte jugaron partidos de pierna fuerte en los barriales, antes que el “tachero” se convierta en el clásico noventoso del “diablo” de La Perla. En los años 20, cuando los pescadores fueron desplazados al sur y fundaron los barrios “La Pescadilla” y “Tierra del Fuego”, nació Urquiza (durante algunos años Nacional), que sufrió un desprendimiento para el surgimiento de Peñarol. La porfía entre ambos clubes trocó rápidamente cuando germinó San Isidro y aún hoy, cada partido con el “tricolor” representa algo distinto.

Aldosivi y Alvarado, máximos exponentes del fútbol actual, tuvieron partidos ríspidos en sus terruños. El primero con Talleres, en el escenario de Ministerio, bien pegado al puerto marplatense; el segundo, rivalizando con River, en lo que fue consignado como el clásico del Matadero. El básquet aportó lo suyo con los históricos cotejos entre Unión y Quilmes, al sur de Libertad, e Independiente rivalizando con Juventud Católica al norte, antes del popular Peñarol y Quilmes.

Sin embargo, en los clubes de barrio la cuestión era todavía más reñida, ya que hasta algunas familias se fragmentaban en simpatías, al disputarse los clásicos. Madres y abuelas remendaban las casacas y medias para que la indumentaria esté lista, y los pibes lustraban los botines hasta que sacarles más brillo fuera imposible. El cantinero, si jugaban de local, preparaba el doble de sándwiches, donde la mortadela y el salame le discutían la supremacía al de cocido y queso.

Veamos esos clásicos marplatenses del fútbol barrial, organizados de acuerdo a la geografía cardinal. Bien al sur, partiendo desde Mogotes, el Club Social y Deportivo Peralta Ramos llenaba dos colectivos de hinchas para jugar aquellos partidos apretados con el Club Atlético Tigre, en la cancha de Juan B. Justo y General Rivas. Ambos pelearon los torneos de la Liga de los Barrios Zona Puerto y disputaron, a su turno, otro clásico con el Atlético Güemes, que aún se yergue sobre la calle Elcano.

Al oeste, antes que el clásico del Monolito se popularice en la liga oficial, el predominio futbolístico del barrio se ponía en juego durante los partidos entre el Club La Juanita (con casaca azul y banda diagonal blanca) enfrentando al Club Atlético El Trece, nacido en Bahía Blanca y Luro. Muchos recuerdan aquel partido a inicios de 1961 que no terminó en la cancha, pero que tuvo como corolario una pedrada de lado a lado de las vías del ferrocarril, en el cruce con la ruta 2.

De aquellos clásicos, el que menos razón geográfica tuvo era el que disputaban Argentinos del Norte y Defensores de San Martín, con una abultada paternidad del primero que, incluso, los llegó a encontrar a ambos con posibilidades de alzar la corona. La historia no se torció y el título fue para Parque Luro. Sin embargo, de todos estos enfrentamientos deportivos, sobresalió el que unió a los barrios de Florencio Sánchez y El Martillo, en los colores de Colo Colo y Los Marplatenses.

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Algunos datos sentencian aquella pasión setentista que hoy revive en cada relato de los protagonistas. Clásicos que reunían hasta 3.000 personas, lluvias de papel al salir a la cancha e hinchas subidos a los eucaliptos disparando los coquitos de las plantas a los rivales. Los jugadores colocolinos salían de su sede, distante a 150 metros, escoltados por un cordón de infantiles que les hacían de pasarela hasta la cancha. La hinchada del “marpla” caminaba en procesión y se instalaba sobre dos acoplados de camión para vitorear a los suyos. Cuatro títulos para el azul y tres para el blanco, en la Liga Independiente de Fútbol, el campeonato no oficial más importante de la ciudad.

Como afirmó don José Pereira para ilustrar la rivalidad: “cuando mi viejo era Presidente de Colo Colo se enteró que me había ido a jugar a Los Marpla e iba a debutar en primera, y no me quiso hablar más. Yo le expliqué que en Colo Colo no me dejaban jugar porque era su hijo, pero no hubo caso.” Clásicos eran los de antes.

“El club es el encuentro del barrio, no sólo deportivo, sino de lo social”.

Sigamos protegiendo la historia y el presente de estos clubes.

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Declarado de interés legislativo por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.

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