miércoles 12 de junio de 2024

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora Mar Del Plata. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
CONICET

Día del Investigador Científico: la historia de Iñaki Isla, el restaurador de las playas

Es presidente de la Asociación Latinoamericana de Ciencias del Mar. "El investigador tiene que tener tres características: leer, leer y leer", indicó

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora Mar Del Plata. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

Por Sabrina Aguilera (*)

El 10 de abril se celebra en Argentina el Día del Investigador Científico en memoria al nacimiento del doctor Bernardo Houssay. En esta nota, y en homenaje a todo el plantel científico del CONICET, conocemos la historia de Iñaki Isla o, como plasma su documento nacional de identidad Federico Ignacio Isla, investigador superior del CONICET perteneciente al IIMyC y al IGCyC. Desde hace casi 40 años pertenece al organismo y desde los años 70 es parte del mundo de la ciencia.

Platense, marplatense, hombre de los minerales, padre de tres hijos, casado con otra investigadora y un obsesivo de las ciencias y el quehacer científico. Formó numerosos investigadores, becarios y pasantes, recibió más de 20 subsidios de investigación y cuenta con 237 publicaciones nacionales e internacionales. Es un investigador con doble pertenencia porque es parte del Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (IIMYC, CONICET-UNMDP) y del Instituto de Geología de Costas y del Cuaternario (CIC, UNMDP). Actualmente también es presidente de la Asociación Latinoamericana de Ciencias del Mar.

Iñaki empezó Derecho porque en su historia familiar venía ese dictamen: bisabuelo, abuelo y tío escribanos, padre abogado. Inició Derecho una mañana y automáticamente se pasó a la otra carrera que se había anotado en simultáneo mientras terminaba su último año en el Colegio Nacional La Plata, porque si algo le sobra a Iñaki es planificación. Y así dejó a un lado la posibilidad de la Abogacía y empezó a descubrir la Geología en las catacumbas del Museo de La Plata en los 70, primero interesado por los minerales y luego fascinado por los movimientos que la tierra tenia, la erosión y la evolución de las costas o lo que se conoce como Geología de Costas. “Los minerales es un mundo de colores y durezas diferentes, y era algo que yo no había visto nunca”, afirma convencido.

Es nacido en Berisso pero desde pequeño veraneaba con su familia en la casa construida por su abuelo y así eligió radicarse en Mar del Plata en 1979, cuando llegó la propuesta de ser becario y parte fundadora del primer y único Instituto de Geología de Costas del país. Fue parte de su inicio y hoy sigue siendo parte del instituto 43 años después. “Vinimos a trabajar en la sedimentación de la Laguna Mar Chiquita y terminamos analizando la erosión de la costa argentina. “Así nos fuimos metiendo de lleno en la erosión que es un tema muy preocupante actualmente por las consecuencias que acarrea”, explica Iñaki.

En 1985 llegó la oportunidad de realizar la 9na Expedición de la Península Mitre, uno de los desafíos y mayores aprendizajes de su carrera según relata. La experiencia constaba en ir desde Ushuaia hasta el Cabo San Pablo, es decir desde el Canal Beagle hasta el Océano Atlántico: “De ahí nos llevaron en helicóptero a la punta de Península Mitre en Bahía Valentín y nos quedamos en un campamento de arqueólogos desde el cual salimos subiendo la Cordillera de los Andes, atravesar los Montes Negros, bajar a la Bahía del Suceso frente a la Isla de los Estados y caminar hasta Bahía Tetis ya en el Atlántico donde nos sacó un aviso de la marina. Esa expedición era para hacer un inventario, observar que se podía encontrar en la zona sur y allí subimos montañas donde antes habían pasado los glaciares de oeste a este. Es un paisaje increíble, si a alguien le interesa conocerlo pueden ver el documental de los tres surfistas llamado “Península Mitre”, recuerda entusiasmado.

Sus pasos en el mundo de la investigación iniciaron con la CIC, la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires, luego se fue a California con una beca de la OEA para trabajar en el Marine Geology Branch de Palo Alto donde estudiaba y jugaba fútbol en la Universidad de Stanford. Ya en 1983 comenzó el plan de repatriación de investigadores argentinos y allí volvió a Argentina como investigador asistente del CONICET.

Volviendo el tiempo aún más atrás, Iñaki rememora que conoció el mundo de la ciencia a través del Plan Patagonia-Comahue, a donde fue dos años como pasante durante sus veranos casi adolescentes, y cuando se recibió le llegaron dos propuestas: una muy buena económicamente a desarrollarse en Yaciretá y otro de mayor prestigio académico en el Centro de Geología de Costas recientemente formado por el Dr. Enrique Schnack. Así fue que en el 1979 se instalaron en la vieja casona de Bronzini en la calle Tucumán para inaugurar este nuevo espacio y afirma: “Mi primer trabajo ahí fue cambiar lamparitas como becario y juntar plata para ir a la boca de la Laguna Mar Chiquita. Eran otros tiempos”.

“En 1971, mi papá me dijo que no volveríamos a alquilar en el Balneario del Alfar porque las tormentas habían hecho desaparecer la playa, y eso me llamó muchísimo la atención. Yo tuve una muy linda juventud en la playa, mis mejores momentos fueron en la playa, por lo que me llamaba la atención observar cómo retrocedían las costas y empecé a notar los cambios en ese sentido. Hoy los procesos de erosión y/o contaminación en nuestras costas es un tema en agenda. Yo quería ser sedimentólogo y terminé siendo siendo geomorfólogo”, narra Iñaki.

En Mar Chiquita, en los años 80, existieron grandes inundaciones donde Iñaki pudo registrar las variaciones que tuvo la boca de Mar Chiquita y sus playas, provocadas por esas inundaciones. “Ahí me empecé a interiorizar por el tema de playas y sobre cómo influye la dinámica climática en la provincia de Buenos Aires”.

Hoy su línea de investigación logró expandirse a otras zonas geográficas, ya que países como Panamá o Costa Rica no tienen desarrollada la mirada geológica de sus problemas costeros, y también investiga con investigadores chilenos técnicas de defensa para las marejadas intensas que vienen aconteciendo en Valparaíso.

Como parte de su desarrollo pudo capacitarse en Estados Unidos en la aplicación de imágenes satelitales en los años donde esos temas parecían de películas de ciencia ficción. Al principio, todo era muy rudimentario y hoy se cuenta con un Centro de Cómputos y con la materia de Teledetección donde enseña a procesar Imágenes Satelitales y Sistemas de Información Geográficas en la UNMDP y en Balcarce. “Es una asignatura que requiere una actualización permanente porque todo avanza muy rápido tanto en cantidad de satélites como en programas y técnicas”, asevera.

Con respecto a las características que tiene que tener un investigador en potencia, Iñaki enumera tres cosas: “leer, leer y leer”, y se sonríe recordando las palabras de Luis Federico Leloir, premio Nobel de Química, quien decía que no hay que estar informado de todo lo que pasa en el mundo, si no estar atento y rescatar temas que no estén de moda pero que vayan a tener impacto en el futuro. Y añade: “Es importante el “olfato” del investigador para elegir un tema olvidado y rescatarlo. Seguir sus propias intuiciones y andar ese camino”.

Además, asegura que los alumnos de hoy “no conocen el viejo sistema DOS, nacieron con el Windows multifunción. Mientras yo les hablo, ellos están consultando Internet y eso hay que aprovecharlo y tomarlo como algo positivo”.

Los dos años (2017-2019) en los que estuvo envuelto en el informe especial para los océanos y aumento del nivel del mar (Fiji, Ecuador, China) le significó ya no estar pendiente de lo que había pasado recientemente en el planeta para interesarse en lo que va a pasar si se cumplen las predicciones de cambio climático del Panel Intergubernamental (IPCC).

Iñaki se define como vasco obcecado: “yo admito que me puedo equivocar pero cuando insisto no me equivoco. Y eso es porque soy Iñaki. Cuando mi madre me quiso poner Iñaki como nombre, no la dejaron porque tenía que ser Ignacio. Y así y todo, toda la vida fui y soy Iñaki. Me considero muy trabajador y obcecado para seguir una línea y no desviarme. Nací un 25 de diciembre y sé lo que quiero”, afirma sonriente. Y ese saber y entusiasmo queda plasmado en su relato, tanto por su camino en la ciencia como en sus recuerdos de vida compartidos.

(*) Nota realizada para el Departamento de Comunicación CONICET Mar del Plata

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te puede interesar