lunes 28 de noviembre de 2022

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Una marplatense en un millón

Jugó al hockey toda su vida y ahora lleva su pasión a los barrios

Alejandra Bosch tiene 67 años y enseña el deporte a chicos y chicas de sectores humildes en Mar del Plata

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Alejandra Bosch tiene 67 años, tres hijos, tres nietos y otro en camino. Es jubilada y se dedica a acompañar a mayores que necesitan asistencia. Y entre esta labor y el tiempo con su familia se genera momentos para transmitir en los barrios una de sus pasiones: el hockey.

“Ver a los chicos y chicas jugar, sus caras, sus ganas, vale más que todo el oro del mundo. Me gusta ayudar por la empatía que uno empieza a generar con el otro”, describe a Ahora Mar del Plata la mujer que además dio clases a mujeres privadas de su libertad en la Unidad 50 de Batán.

Oriunda de Don Torcuato, de chica jugó en el Hindú Club de Buenos Aires. “Juego al hockey hace más de medio siglo”, cuenta con orgullo. Antes de mudarse a Mar del Plata, en 1995, formó parte de la dirigencia en el Buenos Aires Rowing Club, donde impulsó el deporte femenino, que participó en la Liga Metropolitana durante 25 años.

En Mar del Plata conoció a vecinos del barrio Las Dalias y empezó a dar clases en el comedor “Ayelén”. “Estábamos en un lugar que era de todo el mundo y de nadie a la vez, e íbamos cambiando de terrenos”, describe. En la previa de un Día de la Madre les ofreció a los chicos limpiar el terreno que usaban para entrenar y a cambio les dio algo de dinero para que les compraran un regalo a sus madres. “Los chicos estuvieron un sábado entero limpiando el terreno, había quedado bárbaro. Al día siguiente fuimos a competir a las canchas de sintético y, cuando volvimos, habían puesto palos, un cartel que decía ‘propiedad privada’ e hicieron la marca para un contrapiso”, recuerda con amargura. Ahora entrenan en un terreno de la ONG “Cambio de paso”.

Desde la Fundación Infancia en Riesgo también la invitaron a dar clases. Para ese entonces, además enseñaba hockey en los barrios Jorge Newbery y La Herradura.

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“La U 50”

Hasta el comienzo de la pandemia, Alejandra daba clases de hockey a las mujeres de la Unidad Penal 50 de Batán. La iniciativa surgió a partir de una propuesta de la ONG Cambio de paso, que sabía de su dedicación en la enseñanza del deporte.

“Acepté enseguida y cuando empecé lo encaré como un club. Les dije: ‘Chicas, para mí esto no es una cárcel, es un club. Vengan a participar, a practicar un deporte y a tomar un poco de aire’”. Y les propuso un nombre: “La U de Batán o La U 50”.

Junto con la profesora de educación física Gabriela De León comenzó a entrenar a las mujeres privadas de su libertad y en enero de 2017 armaron el primer cuadrangular intercarcelario.

“También juntamos a las chicas de Talleres, Once Unidos, de Las Dalias, y otras que jugaban al hockey”, describe y resalta: “Ahí conocieron el tercer tiempo”.

Con el paso del tiempo, continuó en contacto con algunas de sus alumnas. “Algunas corrigieron sus caminos, otras no, otras están dubitativas. Intentamos hacer un equipo de chicas, ‘Las ex U 50’ o ‘Legendarias´, como les decíamos, pero están recuperando a sus hijos, a sus familias, y no siempre pueden”, explica.

Ahora, con la normalización paulatina de la situación sanitaria por el coronavirus, Alejandra espera regresar para continuar con “La U 50”.

Su granito de arena

Alejandra ayuda desde los 15 años. “Me gusta saber que estoy dando un granito de arena a alguien que lo necesita y no lo puede tener. Por mi infancia conozco lo que significa eso”, expresa. “Cuando los veo me doy cuenta que todo lo que necesitaban era tener un lugar de desahogo, su espacio, un momento para ellos, para salir de una situación o conflicto en sus hogares”, agrega.

Empecé a los 15 años con el trabajo solidario. Iba a distintos barrios donde enseñábamos deporte, el que saliera en el momento para jugar con los chicos. Lo hacíamos en Don Torcuato, en la villa San Jorge, en la villa Jujuy de San Miguel y villa La Cava, de San Isidro", recuerda.

Ahora, además de en Las Dalias, sigue con sus clases en “Cambio de paso” y en el barrio Las Heras. Además, organiza competencias y cruces con otros equipos de la ciudad, para que los chicos y chicas vivan distintas experiencias con el deporte. Su hija también juega al hockey, en el Club Pueyrredon.

Lo que Alejandra generó con sus lecciones, su paciencia, sus ganas y su ejemplo hoy se transmite por generaciones. “En Las Dalias estoy hace casi 12 años. Muchas de las que empezaron conmigo ahora son mamás y ya me traen a sus hijos. Es una emoción muy grande”, remarca. Y con orgullo deja un dato para recuadrar: también le enseñó a jugar a Rocío Soberón, integrante del selección marplatense que este mes disputará el Campeonato Argentino en Santa Fe.

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