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100 clubes de barrio

"Te pelaste hasta el alma", una historia de 100 clubes de barrio

La columna dominical en Ahora Mar del Plata de los Profesores de Historia, Eduardo Ferrer y Sebastián Ramirez.

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3 de septiembre de 2022 - 18:21

Por los Profesores Eduardo Ferrer y Sebastián Ramirez

El fenómeno de la proliferación de clubes sociales y deportivos tuvo dos etapas bien marcadas; un primer segmento que se extendió entre los años diez y la década siguiente del siglo XX, con una fuerte preponderancia de los acontecimientos fundacionales en el espacio céntrico. Durante la segunda parte, las creaciones fueron corriéndose, al igual que la ampliación de la ciudad, hacia los barrios más alejados. Este último fragmento sucedió, más específicamente, entre 1940 y 1955. Sin embargo, hubo excepciones a la regla.

El Club Defensores de San Martín eligió para afincarse el barrio de la Estación, uno de los más antiguos de Mar del Plata, sobre la margen izquierda al sur de la avenida Luro. El mismo en el que ya habían recalado, algunos años antes, Ferroviario y Quilmes. Funes 1743 fue la primera casa, distante a 150 metros de la fábrica de lácteos “El Amanecer”. A la misma altura, por la calle Rivadavia, el Cuartel de Bomberos caracterizaba, con el ulular de su sirena, las jornadas barriales. Muy cercano, el “Tango Bar” fue el recinto de reunión del piberío del barrio.

De aquella sede incipiente, la mudanza los llevó a la histórica casa de la calle Olazábal a la altura del 1738, anexando, más tarde, la vivienda contigua para ensanchar el horizonte de la institución.Entre aquellos jóvenes que destacaban en la organización del novel club, se alistaban los integrantes de la familia Issa: Luis, Oscar y Hosman, Francisco La Roca, los hermanos Scarisi, Julián Molina, Quaranta, Gil, Bernardini y, el por entonces muy joven, Jorge Alfieri. Entre sus ideas más extraordinarias, deseaban un club que trascendiera las fronteras de la ciudad, vinculándose con representativos del exterior y organizando competencias de nivel internacional.

Además del ajedrez (del que ya hemos relatado alguna historia), el atletismo fue cuna de la actividad en el Defensores; cada 9 de Julio, además de la fecha patria, se celebraron destacadas carreras pedestres. Entre las competencias que organizó, la maratón “Antártida Argentina” fue la de mayor vigencia, con la participación de renombrados deportistas: Osvaldo Suárez y Gumersindo Gómez, además de presentarse algunos visitantes de naciones africanas y europeas, lo que constituía toda una novedad. Para el desarrollo de la jornada en el año 1948, recibió a los dirigentes el intendente Juan José Pereda quien, a través de la Municipalidad, donó los premios a entregar en la carrera. Palo enjabonado, exhibición acrobática y baile con el acompañamiento de conjuntos musicales, fue el corolario de un evento que conmovió la vida del atletismo local.

La dirigencia del San Martín, inquieta como pocas, gestó permanentes contactos con deportistas internacionales. No fue de extrañar tampoco, que la comisión directiva haya homenajeado a los volantes marplatenses que competían en la categoría Turismo de Carretera, entre ellos Juan Facchini y Juan Manuel Bordeu. Paradójico que el fútbol quedara en segundo plano, aunque los entusiastas del balompié se las ingeniaron para hacerse notar en el seno interno del club. Promediando la década del 60, obtuvieron invictos el campeonato organizado por la Liga Independiente, con 9 partidos ganados, 2 empates y un récord de 31 goles a favor. Derrotaron en la final al elenco de Argentinos del Norte, por 5 goles a 2. Bustos; Balbudo y Barrán; Prado, Issa y Arbizu; Scándali, Oteiza, Arietti, E. Arbizu y Fuhr, fue el once que alineó en la consagración.

Entre el anecdotario más rico de la entidad, figuran las andanzas en otro deporte de cabecera: el básquet. Nos dijo alguna vez don Tito Elgarrista “les quiero contar una anécdota, yo me sumé a jugar al básquet en la categoría cadetes, teníamos una cancha por la calle Funes, pegada a la heladería que está hoy. En aquella época era todavía un local del gremio de “La Fraternidad”, donde incluso funcionó por años otro club (deportiva y sindical), el Ferro Carril Sud. Resulta que, por aquella época, estaban asfaltando la avenida Luro y la cancha al aire libre estaba a unos metros de ahí. Algunos de los muchachos más grandes fueron a hablar con los que estaban en la obra. Al rato, las máquinas estaban adentro del club, haciendo el piso nuevo que era una especie de granza con brea que, si caías, te pelabas hasta el alma. Y los aros estaban hechos con las vías del ferrocarril.”

Los partidos de la primera hora y los que se disputaban al atardecer, entumecían los huesos de los más atrevidos; por ello, siempre se calzaron una remera o camiseta por debajo de la musculosa. Todavía más, al finalizar el partido, algunos jugadores de San Martín se envolvían con frazadas para recuperar calor y tomaban alguna que otra bebida espirituosa, con idéntico sentido. El clásico fue contra el equipo de la calle San Juan: Cadetes de San Martín, aunque también fueron relevantes los partidos con River, Estudiantes y Unión, entre otros encumbrados rivales.

El salto de calidad en este deporte fue aportado por un experimentado técnico, que dejó varias enseñanzas: Luis Fernández, quien llevó a Defensores a primera división. A fines de los años 50, realizó torneos relámpago con la participación de elencos sudamericanos; semejante relevancia, de todas maneras, no pudo superar al recuerdo de “moretones y frutillas”, que dejaron en las piernas de los protagonistas, aquellas caídas sobre un suelo amenazantemente áspero. La falta de recambio en el grupo dirigente, las aspiraciones de aquellos muchachos de barrio que se habían vuelto adultos con otras responsabilidades, resultaron un obstáculo difícil de salvar. Entre 1972 y 1973, las actividades de Defensores fueron resumiéndose hasta desaparecer.

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“El club es el encuentro del barrio, no sólo deportivo, sino de lo social”.

Sigamos protegiendo la historia y el presente de estos clubes.

También podés seguir las redes sociales de @100clubesdebarrio. Proyecto declarado de interés legislativo por la Honorable Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires.

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