sábado 15 de junio de 2024

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora Mar Del Plata. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE
100 clubes de barrio

"Un tal Juan... de alias Chimenea", una historia de 100 clubes de barrio

La columna dominical en Ahora Mar del Plata de los Profesores de Historia, Eduardo Ferrer y Sebastián Ramirez.

Alcanzaste el límite de 40 notas leídas

Para continuar, suscribite a Ahora Mar Del Plata. Si ya sos un usuario suscripto, iniciá sesión.

SUSCRIBITE

Por los Profesores Eduardo Ferrer y Sebastián Ramirez

En la Mar del Plata de inicios del siglo XX los sectores trabajadores, al igual que a lo largo de todo el territorio nacional, repartieron sus simpatías entre diversos movimientos políticos como el anarquismo y el socialismo. Con el advenimiento del peronismo, desde un poco antes de la mitad de los años 40, muchas de esas voluntades comenzaron a sentirse identificadas con ese nuevo movimiento.

Nuestra ciudad no fue la excepción, y el justicialismo fue calando hondo en distintos grupos de la sociedad, aunque este fenómeno no pudiera transformarse en triunfos electorales. A la par de ello, el socialismo tampoco perdió su vigencia y entró en una abierta disputa por el acompañamiento de esos sectores. La lucha democrática fue tal que se amplió a todos los espacios de participación, incluso en el ámbito deportivo, lo que llevó a la conformación de dos instituciones, cuyo origen se bifurcó por cuestiones políticas.

El Club Social y Deportivo 1ro de Mayo, de raigambre socialista, se fundó el 30 de enero de 1961, bajo la presidencia de José Distéfano y el acompañamiento de Rafáel Cangiano y Juan Parra en la Comisión Directiva. Su casaca se identificaba con los colores rojo y negro, muy similares a su vecino, el Club Atlético La Dulce, ya que ocupaba un espacio contiguo a la zona del Matadero Municipal, en la calle 1ro de Mayo 2540.

Mientras tanto, el Club Atlético 1ro de Mayo, de neto corte popular e identificado con el peronismo, se ubicó en el barrio El Progreso, más específicamente en la calle Echeverría. Su potrero se hallaba en Tripulantes del Fournier y Santa Cecilia, frente a lo que la vecindad denominaba: los terrenos de Ruli Giorgis. Allí, los pibes del lugar pateaban sus primeras pelotas de cuero, cuyo peso neto se duplicaba con la humedad del pasto. Claro está, en esos campos de juego, no había vestuario alguno, por lo que se utilizaba como espacio para cambiarse la pieza de una casa contigua.

El amarillo canario de las camisetas, relucía en los tibios soles de domingo del otoño marplatense, cuando los trabajadores de la semana se convertían en “players” de balompié, defendiendo los colores del barrio. El de pecho más inflado y que salía primero en la fila, era el capitán del equipo: Juan, que portaba por alias “chimenea”, blandiendo con tesón la pelota por debajo de su brazo, al cruzar la calle rumbo a la cancha.

Mucho se ha discutido sobre su apodo y algunos sabios de la zona sur creen encontrar explicación en la tarea que desarrollaron él y su padre, como foguistas de caldera y deshollinadores de chimenea, de un antiguo aserradero marplatense ubicado en las calles Salta y Alvarado. Las más de las veces, volvían al barrio montados en sus bicicletas IMPA (Industria Metalúrgica y Plástica Argentina), con los rostros tiznados por el esfuerzo del trabajo.

De recia estampa, el periodismo que cubría el fútbol de los barrios, solía comparar al crack de la Liga Independiente Marplatense, con las virtudes que caracterizaban a Antonio Rattín, el otrora baluarte xeneize: pierna fuerte cuando era necesario, despeje picante ante la presión de los delanteros rivales y pase elegante en salida de la mitad de su campo. Los muchachos que simpatizaban con el General Perón, en la zona, decían que era un “tractor de industria nacional” o que tenía “diez pulmones” para suplir el aire que le faltaba al resto. Cerca de cumplir 40 años, se retiró después de un partido con Talcahuano, cuando a los quince del primer tiempo, sintió que le faltaba el aire después de un pique corto, detrás de un joven “wing” izquierdo.

Cuenta el “bocón” Durutovich, compañero de equipo, que lo perdió de vista cuando terminaba la década del 70 y que, promediando los primeros años del siglo actual, se encontró con una persona muy delgada, atendiendo una verdulería mientras leía de ojeo el diario de un cliente. El pelo y las cejas cenizas, los brazos caídos al lado del cuerpo, pero una parada envidiable que, aún con piernas escuálidas, le recordó a aquel formidable pateador de tiros libres. Como si la clavara en el ángulo, se fundieron en un abrazo pasional, festejando aquellos goles de los años felices.

1961-7-2 Nuevo Club 1º de Mayo El Trabajo (1).JPG

“El club es el encuentro del barrio, no sólo deportivo, sino de lo social”.

Sigamos protegiendo la historia y el presente de estos clubes.

También podés seguir las redes sociales de @100clubesdebarrio

Seguí leyendo

Dejá tu comentario

Te puede interesar