Cuatro mujeres fueron rescatadas luego de una serie de allanamientos que se llevaron a cabo en la ciudad de Tandil. Los procedimientos se realizaron en un ex prostíbulo llamado "Gladys" que había reanudado su actividad de modo clandestino y en dos domicilios particulares, uno de ellos lindantes con el local nocturno.

Como resultado, dos hombres fueron detenidos e indagados y a uno de ellos se le dictó el procesamiento en orden al delito de explotación económica de la prostitución ajena. Las víctimas, tres de nacionalidad dominicana y una argentina, habrían sido explotadas sexualmente bajo el control de uno de los encargados.

A partir de la investigación llevada adelante por la Fiscalía Federal con asiento en la jurisdicción y luego de las medidas investigativas, se pudo establecer que un hombre era el encargado de acordar los encuentros previamente entre los denominados “clientes” y diferentes mujeres que cobraban por servicios sexuales y “copas”. De esta manera, los “clientes” invitarían bebidas y las “copas” tendrían un costo mayor por la compañía de las mujeres, a quienes se les paga un porcentaje de las mismas.

Los procedimientos fueron solicitados por el fiscal Santiago Eyherabide y ordenados por el titular del Juzgado Federal de Azul, Martín Bava.

El caso

La causa se inició el 10 de enero de este año, a partir de una denuncia anónima en la Subdelegación Departamental de Investigaciones de Función Judicial Tandil de la Policía de la provincia de Buenos Aires. En esa oportunidad, se hizo referencia a la presunta explotación sexual de mujeres en un domicilio que antiguamente funcionaba como cabaret.

En ese marco, se iniciaron tareas investigativas por parte de la fiscalía, tendientes a ratificar los hechos denunciados. De esa manera se pudo advertir que en el lugar denunciado había mujeres, en su mayoría de nacionalidad dominicana, que serían explotadas sexualmente.

Por otro lado, también se pudo verificar que el lugar funcionaba en horario nocturno y durante los fines de semana y que distintos hombres eran recibidos en la puerta por un “encargado”, que era quien atendía las llamadas telefónicas de quienes le consultaban por la “disponibilidad” de las mujeres que allí “trabajaban”.

Asimismo, se pudo constatar que los “pases” tenían un valor que oscilaba los $600 y $800 y que, a su vez, se llevarían a cabo en otro domicilio muy cercano al local.

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