Para Nieves María Lizarazu Cabrera (29) todo cambió el 2 de diciembre de 2016. Su vida se paralizó. Parte de su cuerpo también. Este jueves condenaron a dos hombres por tirarla de un puente peatonal para robarle el celular. “Mari” -así la llaman- quedó postrada hace 17 meses, no puede caminar ni mover las manos por las lesiones que le produjo la caída.

Esa noche, cerca de las 21.15, María regresaba a su casa cuando Facundo Martín Pérez Ávila (41) y Claudio Elías Cañelas García (36) la asaltaron. Ella quiso defenderse y corrió para escapar por el puente peatonal que une Liniers con Ciudadela, sobre la General Paz, a la altura de la calle Humaitá. La alcanzaron del lado de Capital.

Dos hermanos que trabajaban vendiendo embutidos, uno de cada lado del puente, vieron la escena completa: la mujer cayendo, Pérez Ávila y Cañelas García revisando sus bolsillos en medio de un charco de sangre y escapando a la carrera. Indignados, los persiguieron y alertaron a la Policía. Así lograron detenerlos. Su testimonio fue clave en el juicio.

Cañelas García nació en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra y dijo ser vendedor ambulante. Tenía el mismo domicilio de Pérez Ávila, un uruguayo nacido en Colonia y estudiante universitario, sin antecedentes penales. Vivían en la zona, cerca del lugar donde fueron detenidos por la Policía, a nueve cuadras del puente del que tiraron a María.

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Cañelas García gozaba de una libertad condicional en una causa por robo. Este jueves los jueces Pablo Vega, Juan Giudice Bravo y Alejandro Noceti Achaval, del Tribunal Oral en lo Criminal N°17, lo condenaron a 14 años y seis meses de prisión por “considerarlo culpable del delito de homicidio en ocasión de robo en grado de tentativa”. En su pena tuvieron en cuenta que tenía antecedentes.

A Pérez Ávila lo condenaron a 14 años de cárcel. Sus padres fueron los únicos que asistieron al juicio y lamentaron la condena.

En sus últimas palabras antes del veredicto, Pérez Ávila dijo ser inocente: “Voy a ratificar mi inocencia en este incidente, en todo momento traté de asistir a la víctima, al ver lo que estaba ocurriendo intenté asistirla como lo hice toda mi vida en todo ámbito, en lo social y en lo humano. Estuve en el lugar equivocado en el momento equivocado, eso está clarísimo”.

Además, remarcó que trabaja como “coordinador de Inclusión Universitaria” en la cárcel donde está alojado, que se encuentra “cursando una carrera universitaria” y se incorporó “a un centro de recuperación de adicciones”.

Cañelas García también dijo que era inocente, pero el Tribunal no les creyó a ninguno de los dos. Las pruebas y los testimonios -dijeron- fueron contundentes.

El fiscal del juicio, Oscar Ciruzzi, había pedido una condena de 15 años de cárcel. Ahora analiza esperar a que la sentencia quede firme para solicitar que a Cañelas García le sumen los años pendientes por un robo anterior.

Mientras en los tribunales se definía la suerte de los responsables del ataque que la dejó postrada, la víctima seguía internada en el área de clínica médica del Hospital Santojanni. Está ahí hace 17 meses. El “politraumatismo con shock medular cervical por fractura” que le generó la caída la tuvo grave y en terapia intensiva por 90 días. Después empezó una larga recuperación que no termina. No puede caminar y apenas tiene sensibilidad en las piernas.

No es la única secuela. Los dedos de las manos le quedaron entumecidos y casi sin fuerza. De a poco, en un año y medio, la mujer recuperó la capacidad de mover el torso y la cabeza, pero hasta que no definan si es posible operarla, no podrá regresar a Oruro, su ciudad natal. Ahí dejó a su hijo hace dos años y medio.

“A fines de enero de 2016 tenía que regresar, porque el nene estaba allá en Oruro con nosotros, por empezar el ‘kinder’ (preescolar) y ella tenía que cuidarlo. Pero le pasó esto”, contó Julia Cabrera (51), la madre de Nieves, que pasó más de un año durmiendo en una silla del hospital, acompañando a su hija.

Nieves y su hijo -que ahora tiene 7 años- hablan por “a veces” por teléfono. Pero él se angustia y se enoja porque su mamá no regresa. Cada llamado aumenta el dolor y la distancia.

Marcelo, el tío de Nieves, contó que su sobrina “sigue internada en el hospital”, pero que Julia “tuvo que volver a Bolivia de urgencia” y la joven quedó sola, al cuidado de los médicos y las enfermeras del hospital. Por la gravedad de su estado de salud, no puede ser trasladada de regreso a Oruro para continuar con la rehabilitación cerca de su familia.

El problema también es económico. La madre de la víctima no tiene el dinero para pagar el tratamiento. “Es muy triste ver cómo la dejaron. Ojalá haya justicia y no pase otra cosa así como le ha pasado a ella”, cerró Marcelo

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