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Por Ricardo Juan

Las botas, el doble guante, las gafas plásticas, el doble barbijo. La distancia. El paciente, la concentración, los cuidados. La angustia. Ir, venir, el cansancio, los miedos. La pasión. Volver a casa, la ducha, la familia. El abrazo postergado. Así, desde marzo.

Cuesta encontrar las palabras justas para agradecer la labor de las trabajadoras y los trabajadores de la salud durante la pandemia. Es que no alcanza con palabras ni con aplausos. En Mar del Plata, fue un año agotador para mujeres y hombres que se multiplicaron para cuidar a la población. Fueron el familiar de cada paciente aislado. Se los necesitó como nunca y respondieron a la altura de una circunstancia histórica. Con atención, con palabras de aliento, con llamados, con mensajes, con esa charla a distancia pero tan cercana para el corazón de alguien que está internado en soledad.

En el Hospital Interzonal, en el Modular, en el Houssay, en el CEMA, en el Hospital Privado de la Comunidad, en la Clínica Pueyrredon; en la Clínica del Niño y la Madre, en la 25 de Mayo, en la Colón, en el Sanatorio Belgrano, y en cada institución de salud de Mar del Plata se brindaron de lleno para salvar todas las vidas posibles. Dieron su vida por el otro. En el más literal de los sentidos, porque hubo médicos, médicas, enfermeros y enfermeras que quedaron en el camino. Muchos cobran 35 mil pesos.

La lucha seguirá hasta superar definitivamente la pandemia, en un país que hasta hace poco más de un año no tenía Ministerio de Salud. A la hora de levantar la copa, salud será una palabra que cobrará más sentido que nunca. El reconocimiento eterno deberá acompañarse con mejores salarios y condiciones. Mientras tanto, ellas y ellos brindarán esta noche por un 2021 menos caótico. Se lo merecen.

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