Por Ninela Teso

“Yo te cuento cómo es un día en mi trabajo pero no me nombres”, eso dijeron todas. Uno, dos, tres y cuatro, así son “nombradas” las enfermerasque cuentan sus testimonios en esta nota. Un día en plena pandemia dentro de la sala de enfermería de Mar del Plata.

UNO

“Uno” es enfermera de la Unidad de Terapia Intensiva de COVID-19 de una clínica privada. En su área asiste a personas con asistencia respiratoria mecánica o estados de salud complicados tras haberse infectado de coronavirus.

Trabajo asfixiada. Estoy seis horas vestida con botas, dos camisolines, gafas, un barbijo n95 -de alta protección- y atrás un barbijo quirúrgico, cofias y doble par de guantes. Lo que no podemos hacer es tomar agua ni ir al baño. Para eso tendríamos que salir y desvestirnos completamente. De más está decir que con pacientes críticos no se puede salir, para hacer pis hay que desvestirse solo, si el paciente se complica hay que estabilizarlo y recién salir”, relata la mujer.

En la institución donde trabaja no hay un “sistema de aire” y “sellaron las ventanas” por lo tanto “no hay corriente de aire”. “Con dos barbijos, máscaras y casco es obviamente esto es insalubre. En otras clínicas es controlar, medicar y salir. Nosotros estamos todo el tiempo ahí y hace un tiempo que no tenemos agua caliente en nuestro servicio. Se armó una terapia en una semana por la cantidad de casos. Nos hacen tirarnos alcohol, no tenemos agua caliente, cuando es obligatorio bañarse, comenta.

“Uno” ama su profesión y según explica “hace lo mejor que puede” pero está cansada. “Sufrimos 6 horas falta de aire, compartimos el amor por lo que hacemos. Se viene lo peor y es inhumano. Preocupa la falta de interés, pocos médicos entran a las salas, nadie está continuamente en las salas más que nosotros. Perdimos compañeros por las malas decisiones. Estamos muy cansados por las formas”, se lamenta.

DOS

“Dos” se la pasó llorando cuando se enteró que “había sido seleccionada” para formar parte de la Unidad de Cuidados Especiales Pediátricos del Hospital Materno Infantil. En pocas palabras: el lugar donde estarían alojados los pacientes menores con coronavirus.

“Mi impacto fue tan grande que lloré tanto, no quería. Fue al principio de todo esto, yo tengo una familia, y eran un montón de cosas. No quería ser parte de esto por desconocimiento. Fui a las capacitaciones y preparaciones, estuvo el servicio cerrado y sin pacientes, hasta que lo abrieron y empezamos a trabajar”, señala la trabajadora de la salud.

En el Materno hay un espacio con habitaciones aisladas con una pre sala manejada por enfermería. “No podemos salir del servicio una vez que entramos. Todo lo que entra y sale se desinfecta. Nos avisaron de un día para el otro de que habíamos sido seleccionados para formar parte del grupo, de los 16 agentes de enfermería para atender pacientes sospechosos y positivos de covid 19. Se trabaja bien, nos cuidamos mucho entre nosotros, tenemos los elementos de protección personal”, revela.

En el servicio asisten a niños de dos meses a dos años con patologías de base, contactos estrechos, fiebre y abdomen agudo. El estado general “no es crítico” y algunos hasta requieren “poco tratamiento. “No es lo mismo lo que viven en el área de adultos y se que el trabajo de mis colegas en el HIGA es muchísimo y muy laborioso. Acá es otra realidad, cada habitación tiene un teléfono, se comunican con enfermería y no necesitamos entrar a las habitaciones continuamente como en otros casos”, asegura.

Una de las complicaciones que tienen es conseguir que les den barbijos N95 que son mascarillas protectoras filtradoras de partículas. “Al ingresar nos toman temperatura, nos ponemos alcohol, entramos al servicio, vamos al vestuario, nos ponemos cada uno su ambo y a trabajar. Todo se desinfecta con amonio cuaternario, todo el área de trabajo y somos dos enfermeros, dos médicos y alguien de limpieza. Barbijo, ambo, antiparras, el único momento en que nos sacamos el barbijo es para comer y tratamos de tener 2 metros de distancia de cada uno. Es el lugar con más cuidado y que menos tasa de infección tiene de todo el hospital”, expresa.

TRES

“Tres” es enfermera de un hotel asignado como dispositivo para internación extrahospitalaria para casos Covid y extraña contener a los pacientes con una palmada, una caricia o un mimo. La palabra, las videollamadas y algún chocolate afuera de la habitación son las técnicas que usa para acompañar a las personas internadas que una vez que entran a aislamiento no pueden salir.

Le es difícil contar cómo lleva esta pandemia aunque revela que llora en su casa para sacarse el “estrés y la tristeza”. “Trato de descansar cuando puedo, en el tiempo que puedo, porque soy mamá y eso también me mantiene ocupada, es mi cable a tierra. El agotamiento no para y no sé si va a pasar tan pronto. Pero hay que salir todos los días por las personas que necesitan personal de salud fuertes y sanos que los cuiden. Todos los días salimos por todos ustedes y ahora nos toca salir por nosotros, por mí, mis compañeros, por mi familia”, cuenta.

Cada vez que entra al hotel se pone alcohol en todo el cuerpo, se cambia, se pone un ambo limpio y cuando le toca recibir a los pacientes en el hall del hotel tiene su equipo de protección personal con su nombre que no sale del lugar. “Pase de una guardia a asistir a todo tipo de personas: profesionales, bomberos, policías, madres con hijos, personas en situación de calle, entre otros. Creo que hay varias falencias desde no ser reconocidos como profesionales y lo mal pagos a nivel económico a la falta empatía de algunas personas al personal de salud cuando estamos trabajando muchísimo para que no haya tantos contagios”, enumera.

Y agrega: “La falta de recurso humano en las instituciones de salud hace que los que estamos dando todo nuestro mayor esfuerzo. También nos enfermemos, que nuestro nivel de estrés sea cada día en aumento, muchos colegas se contagien y alguno pierda la vida como María Mariangeli”.

CUATRO

“Cuatro” es enfermera del servicio “Triaje respiratorio” del HIGA y asegura que la “sobrecarga de trabajo” le ha generado pasar “situaciones traumáticas” pero que tiene un ritual. Sus guardias de 12 horas solo le permiten dormir en su poco tiempo libre. “No tengo miedo de contagiarme pero tuve que aprender a vivir con el miedo sobre la posibilidad de contagiar a mi familia .Entre aprender y resignarme diría. Todos los días tenemos compañeros y compañeras y amigos contagiados”, comenta.

Una de esas “situaciones límites” la llevó a hacer un ritual para cambiar la energía: bailar antes de empezar a trabajar. “Afuera, en la puerta, ya con nuestros equipos puestos, bailamos una canción, para mover las energías”. Según revela no siempre es la misma. Han bailado “Eyes of the tiger” de la famosa película Rocky, “We are the champions” de Queen y la emblemática Gilda.

“Profesionalmente la carga de trabajo es más de lo que podemos soportar. Lo hacemos pensando que esto va a terminar pero yo pienso en cómo terminaremos nosotros, en nuestra salud mental. Es lo que más temo. La carga de trabajo en este momento, por ejemplo quedamos dos personas haciendo el trabajo de cinco. Las que faltan están contagiadas. Y al ser solo dos, el día libre que le corresponde a cada una, pues la otra queda sola a cargo del servicio entero. La demanda es infinita, comenzamos con gente que regresa del día anterior porque no llegaron a atenderlos, y cada vez son más”, dice angustiada.

“Cuatro” y sus compañeros trabajan con EPP completo para la atención de los pacientes, con técnica de vestido y desvestido. “En el caso de la circulación por el servicio lo hacemos con la cara protegida con barbijo N95 y barbijo quirúrgico y con protección ocular porque se nos dificulta mantener la distancia entre el equipo de salud y por la carga viral que puede existir en el ambiente al trabajar con personas con COVID.”, asegura.

“Después de tantas horas con los trajes la cara te queda doliendo, las orejas y la cabeza duele también de toda la guardia respirar con dos barbijos”, agrega.

MILES

Uno, dos, tres y cuatro realizarán, junto a otros miles, el próximo lunes una movilización en reclamo de mejoras salariales y recategorizaciones. La protesta se realizará en el marco del Día de la Sanidad y formará parte de gran número de manifestaciones que se realizarán a lo largo de todo el país. Uno, dos tres y cuatro vuelven a reclamar por bajos salarios, multiempleo, falta de infraestructura y más. Uno, dos, tres y cuatro quieren mejores condiciones laborales, no formar parte de los 80 profesionales de la salud fallecidos por la pandemia a lo largo del país.

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