Los números no explican todo. Y como lo esencial es invisible a los ojos, Quilmes sabrá que la baja de Ricky Sánchez,cortado por la imposibilidad de pagarle, representa una complicación para el esquema de Javier Bianchelli. A tal punto, que al momento de armar el equipo, fue elegido como el jugador franquicia para fortalecer un aspecto ofensivo que inevitablemente se iba a debilitar ante la partida de Luca Vildoza.

Los 10 puntos y 3 rebotes que promedió en los primeros 6 partidos de Liga están lejos de dimensionar el aporte del puertorriqueño (sin contar el Súper 20 y la Liga Sudamericana). Su tiro de tres puntos generaba espacios para la caída de Basualdo en el pick and roll, para los movimientos de Omar Cantón en el poste bajo y, sobre todo, para las electrizantes penetraciones de Eric Flor. Con Ricky Sánchez abierto, su marcador no podía realizar demasiadas ayudas.

Sánchez fue un verdadero jugador de equipo. En defensa, sus 2,11 metros generaban mucho respeto en los rivales al momento de atacar la pintura quilmeña. También ofrecía la alternativa de “bancarse” a un pivote, como hizo ante Martín Leiva durante varios tramos de la serie por el Súper 20 frente a Peñarol.

Durante su carrera, Ricky Sánchez necesitó sentirse contenido para rendir. En Quilmes, había encontrado un lugar agradable. El entrenador y los compañeros lo incluyeron desde el primer día. Inclusive antes de llegar a Mar del Plata, ya le habían dado la bienvenida. Y su rendimiento, una vez que se puso a tono, fue satisfactorio.

No obstante, lo peor para Quilmes es que, en el corto plazo, no podrá reemplazarlo. Ante la imposibilidad económica de traer otro “4”, se esperan más minutos para Maxi Maciel y Omar Cantón, quien no es un ala pivote natural. Sin dudas, reemplazar a Ricky Sánchez de manera colectiva será un nuevo y difícil desafío para Bianchelli. Y por más que Quilmes haya demostrado capacidad de resolución, la baja de su único extranjero resulta un golpe muy duro.

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