Por los Profesores Eduardo Ferrer y Sebastián Ramirez

El surgimiento del rugby en Mar del Plata puede contarse como una historia diferente al de otros deportes e, incluso, a la misma actividad de la pelota ovalada en otras latitudes. Con una primera institución surgida en el año 1944: el Mar del Plata Rugby y Tenis Club –sin relación con el homónimo actual- la actividad recién cobró raíces una década más tarde. El iniciático quince local sólo pudo medirse con rivales externos, conjuntos de las ciudades de Buenos Aires y La Plata que venían a disfrutar de las bondades playeras y disputar algún test mach.

Mejores suertes corrieron los surgidos de 1949 en adelante: Nacional, Santa Bárbara, Sporting –fundado más de 30 años antes, pero recientemente volcado a la actividad-, Pueyrredón, Comercial y Biguá, junto al efímero Industrial, pudieron sostener la competencia vernácula con suerte dispar, ligada en sus orígenes a la práctica escolar en las clases de educación física. De todos ellos, los primeros nombrados coronaron un palmarés de éxitos abultados, antes de su desaparición.

Los surgidos en el Colegio Nacional eligieron como color de su camiseta el verde y como insignia un león, buscando dar un semblante de la fiereza con la que encaraban el juego. En el mismo establecimiento educacional se fundó la Unión de Rugby, para el 27 de octubre del año 1951, bajo la presidencia de Alberto Marenco Hernández. Mientras tanto, los “artilleros”, tal la denominación del conjunto surgido de las fuerzas armadas, en particular de la Escuela de Artillería Antiaérea, se identificó con un rojo granate.

Entre ambos se repartieron la friolera de ocho títulos y otros tantos subcampeonatos, fenómeno que los convirtió en los más ganadores, por detrás de la primera entidad fundada en la localidad. Los “verdes” debieron afrontar un cambio de denominación relacionado con la participación en las competiciones oficiales, nombre que devino de los árboles dispersos por el barrio y se bautizó como Nogales Rugby.

Cuando los dirigentes empezaron a vislumbrar que el crecimiento de este deporte debía exigir algunas contraprestaciones de las instituciones participantes, comenzó a exigirse, entre otras cosas, la portación de un campo deportivo. Los jugadores de Nogales tomaron una drástica decisión al iniciar conversaciones con los dirigentes del Club Universitario, que tenía divisiones inferiores, pero le costaba consolidar un plantel de primera. Eso sí, la gran ventaja con la que contaban los muchachos de la avenida Libertad era su propio terreno de juego.

Al final de las tratativas, sentencian ciertos testigos de la época, hubo unaceremonia que pocos se animan a contar, cuyo ritual tenía por objetivo la obtención de triunfos para la fusión. El pacto atlético se selló con una fiesta realizada en la casa de uno de los jugadores, sobre la avenida Colón, a la altura de la loma y en el cruce con la calle Güemes. “Pipo” Darmandrail, una voz autorizada en la materia y testigo de aquella noche, rememora:

“Enterramos a un jugador vivo con la camiseta de Nogales puesta, ese era el significado de un club cuya trayectoria había llegado hasta allí y que, de ahora en más, nacía otro. Pero también significaba que el espíritu iba a estar siempre presente. Hicimos el pozo, mandamos el cajón con nuestro amigo, la camiseta puesta y lo tapamos con tierra. Por supuesto que en un par de minutos lo sacamos para que no se asfixiara adentro. Durante muchos años, la camiseta titular fue la tradicional de colores azul y celeste de Universitario y como alternativa la verde nuestra.”

Lo que nadie se atrevió a contar es otro rito realizado en paralelo por un brujo nigromante, que había llegado hasta la celebración sin que nadie supiera quien lo había convidado de la partida. Al parecer ese fatídico culto con una casaca desconocida, entre velas y palabras guturales, era una trampa tendida por un rival contemporáneo que, aún hoy, disputa los certámenes locales y cuya meta principal era obstaculizar el alcance de campeonatos por parte de Uni. Pasaron, desde ese momento, cerca de treinta años para que la institución pudiera alcanzar un tetracampeonato casi consecutivo.

Aunque todos lo nieguen, parece que algunos de los protagonistas tuvieron que hacer otra ceremonia para obturar el maleficio, sin detalles precisos de lo que habría implicado. Mientras tanto,el escudo de Nogales Rugby se expone triunfal, hoy, en la sede de Universitario, como mudo testigo de una trayectoria repleta de éxitos, así como observador de otros momentos que también enriquecieron su historia.

Nogales 1965 II.jpg
Foto Los Nogales - Palá.jpg

“El club es el encuentro del barrio, no sólo deportivo, sino de lo social”.

Sigamos protegiendo la historia y el presente de estos clubes.

También podés seguir las redes sociales de @100clubesdebarrio

Comentá y expresate