Cada 11 de septiembre se recuerda a Domingo Faustino Sarmiento, un joven maestro quinceañero que llegó a Presidente de la Nación. Además fue legislador, gobernador y embajador pero sin duda su papel fue fundamental en la educación argentina.

Nació el 15 de febrero de 1811 en un barrio humilde de San Juan, a los 4 años su tío, José Manuel Quiroga Sarmiento ya le había enseñado a leer, lo que lo condenó a que su madre, orgullosa, lo llevase a casas de parientes o amigos donde debía hacerlo en voz alta.

Ese niño que se lo veía leer todo el día había "nacido en la pobreza, criado en la lucha por la existencia…", tal como describe en su autobiografía, según publica Infobae.

A los cinco ingresó en una Escuela de la Patria. El futuro presidente recordaba que "era un espacioso local vecino a la plaza de armas daba cabida a grandes salones a más de trescientos niños, de todos los extremos de la ciudad y suburbios, y de todas las clases de la sociedad".

con quince años era el maestro, con una particularidad: era menor que sus alumnos, uno de 22 y otro de 23

Uno de los salones lo ocupaban los chicos que recién empezaban, a los que se les enseñaba lectura y escritura; en un segundo salón, alumnos más avanzados estudiaban doctrina cristiana y las primeras nociones de aritmética y gramática; y un tercero continuaban con la gramática y ortografía, además de aritmética comercial, álgebra hasta ecuaciones de segundo grado, extracción de raíces, historia sagrada y doctrina cristiana.

En su Recuerdo de Provincia, dijo que fue a la escuela por nueve años, y por más que hubiera querido faltar, su madre Paula Albarracín era la encargada de que asistiese como correspondía. Su padre, José Clemente Sarmiento, también ejercía su control. Cuando no estaba trabajando de arriero o peleando junto a San Martín, le tomaba lección a su hijo de lo aprendido en la escuela.

En 1821 no pudo entrar al Seminario de Loreto, en la provincia de Córdoba. Y comenzó su larga etapa de autodidacta

El primer libro que leyó Sarmiento fue Vida de Cicerón, de Middleton y el segundo, Vida de Franklin. Seguramente por lo aprendido en la casa y con su tío, en la escuela fue un alumno aventajado, por lo general colmado de honores.

En 1821 no pudo entrar al Seminario de Loreto, en la provincia de Córdoba. Y comenzó su larga etapa de autodidacta. Matemáticas la estudió con el ingeniero Barreau, a quien asistió en varios trabajos de agrimensura en la provincia. Del latín y teología se ocuparía su tío José de Oro, mientras que el francés se las arregló solo, gracias a los libros en ese idioma que poseía un conocido de la familia, José Ignacio de la Rosa, y que leía con fruición hasta las dos de la mañana. Estudiaba mientras se ganaba la vida como dependiente en una tienda.

Acompañó a su tío, el presbítero Oro, en su destierro a San Luis. En San Francisco del Monte fundaron una escuela y él, con quince años era el maestro, con una particularidad: era menor que sus alumnos, uno de 22 y otro de 23. A un tercero hubo que expulsarlo porque insistía en casarse con una chica muy linda a quien Sarmiento le enseñaba deletreo.

Siempre según Recuerdos de Provincia, el tío tenía pasión por el baile, "y él y yo hemos fandangueado todos los domingos de un año enredándonos en pericones y contradanzas…".

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