Con una mirada más preocupada por la incertidumbre política que vive el país de cara a las elecciones que por la realidad económica, la calificadora estadounidense Moody's bajó la perspectiva de la deuda pública argentina de “estable” a “negativa”, medida que no alteró la calificación general como país, que se mantiene en categoría B2.

Al gobierno le llegaron estas modificaciones casi en coincidencia con las buenas nuevas que llegaban desde el FMI, que aprobaba la revisión del préstamo stand by y confirmaba el envío de otros 5400 millones de dólares.

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El informe de Moddys contempla que el país exhibe una “mayor incertidumbre con respecto a la implementación continua de políticas que, al abordar los desequilibrios fundamentales de la Argentina, restablezcan el acceso confiable a los mercados internacionales y contengan el riesgo de que se produzcan más daños en los choques monetarios".

También deja a la vista que existe un “aumento del riesgo de que la incertidumbre de las políticas genere un cambio material y sostenido en el sentimiento que aumenta las presiones de financiamiento".

Aunque para algunos operadores del mercado esta novedad no favorece a Argentina, el ministro de Economía del país, Nicolás Dujovne, rescató que se mantuvo la calificación B2 porque a criterio de los evaluadores los números del país “no empeorarán significamente” en el corto plazo.

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