Para Valentina Sosa, una marplatense de 17 años, el viaje a Nueva York era una experiencia muy deseada, que pudo concretar luego de mucho esfuerzo. Además, superó su temor a viajar en avión y por primera vez lo hizo sola. Sin embargo, el coronavirus transformó su sueño en una pesadilla: está varada desde marzo en Estados Unidos y la semana pasada se sometió a un test de Covid-19 que arrojó resultado positivo. “Me siento bien físicamente, soy asintomática”, afirma en diálogo con Ahora Mar del Plata. “Pero está difícil el asunto, tengo muchas ganas de volver”, agrega.

La adolescente viajó el 3 de marzo y tenía fecha de regreso el 23 del mismo mes. Después de una semana de recorrer distintos puntos de la Gran Manzana, la amenaza del coronavirus la obligó a encerrarse en la casa de unos amigos de sus papás, donde se hospeda desde su llegada. Los intentos por tomar un avión de regreso fueron en vano, como le ocurrió a miles de argentinos que esperan respuestas en otras partes del mundo. “Iba a viajar por Latam y me cancelaron cuatro vuelos: el del 23, otro del 1 de abril, otro de 12 de abril y uno del 1 de mayo. Lo reprogramaron para el 3 de junio”, indica.

Hace unas semanas, la pareja dueña de la casa en la que se hospeda, a quien llama “tíos”, comenzaron con los síntomas de la enfermedad y se realizaron el testeo. Los dos dieron positivo aunque “con poca carga viral”.

“Mi tío tenía fiebre, dolor de pecho y se sentía pésimo. Mi tía estuvo descompuesta, tenía mucha fiebre y dolor corporal. Estuvieron encerrados en un cuarto hasta que se les pasó y se volvieron a hacer el test”, cuenta Valentina.

Durante esos días se dividieron en la casa para mantener las distancias. “No estábamos en un mismo ambiente, hacíamos las cosas lo más separados posibles”, explica.

En ningún momento me sentí mal, no tuve ni fiebre ni dolor de garganta. Y cuando mis tíos se hicieron el test, fui con ellos; me lo hice y me dio positivo, con poca carga viral”, detalla.

Para Valentina, estos días de encierro y cuidado son “muy monótonos”. “Uso la compu para hacer las cosas de la escuela, estoy en sexto año, el último año”, detalla la estudiante que asiste a Fasta “desde el jardín”. “Veo televisión y mucho más no puedo hacer. Hablo con mis amigos, mi familia, hacemos videollamadas con mis papás y así se van pasando los días”, agrega.

“No sentí miedo, trato de estar fuerte. Estoy muy lejos de casa, hace casi ya dos meses. Extraño muchísimo y me pongo triste, lo normal por estar lejos de la familia”, confiesa.

Hace unos días Valentina recibió el llamado de una cónsul adjunta de Nueva York. “Le comenté que seguía en la ciudad y me pidió mi numero de reserva”. Luego de tomar sus datos, la mujer le planteó algunas estimaciones y posibilidades de regreso, según los resultados del testeo. “Con mi tía sacamos un turno en un lugar para hacerme el testeo y definir si puedo volver en los próximos días”, señala.

“Era la primera vez que viajaba sola y le tengo miedo a los aviones. Sin dudas, no era la experiencia que me imaginaba”, menciona la joven que espera estar pronto de nuevo en la ciudad.

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