Facundo Alvanezzi puede estar tantas horas hablando de fútbol como adentro de una cancha. No importa si es en Suiza, en España o en Bragado, su pueblo, donde semanas atrás ofreció una clínica para chicos de todas las edades, que no pararon de jugar y descubrir los conceptos que el juego mismo enseña.

“Tengo ganas de quedarme en Argentina”, avisa Alvanezzi, que volvió recargado a Mar del Plata, luego de un viaje a Europa que lo llenó de aprendizaje. En el viejo continente charló con viejos conocidos, como Guillermo Amor (referente de la cantera del Barcelona), Pablo Blanco (coordinador de las inferiores del Sevilla), Julen Guerrero (entrenador de la Selección sub 16 de España) y se dio el gusto de compartir cuatro horas con Jorge Valdano. “Fue un cúmulo de anécdotas terrible. Estuve con una institución del fútbol mundial, que me brindó cuatro horas el día de su cumpleaños”, cuenta mientras toma un café.

-Dijiste que tenías muchos espacios que llenar y que por eso buscaste esos encuentros, ¿qué sentís que incorporaste?

-Fue un aggiornamiento puntual sobre el estilo y sobre si iba bien encaminado en lo que iba haciendo en los últimos 20 años. Quería saber si estaba bien hacer todos los trabajos con pelota, los juegos de posición sin que el jugador corra tanto... Las charlas que tuve con Jorge Valdano, que es un señor, con Guillermo Amor, el director de la cantera del Barcelona, con Pablo Blanco, el director de la cantera del Sevilla y con Julen Guerrero, técnico de la sub 15, sub 16 y sub 17 de España, me demostraron que voy por el camino correcto. Ellos, de la misma manera que Cruyff, Menotti y Guardiola, vienen defendiendo desde toda la vida esa esencia de que primero tenemos que pensar para jugar, para desarrollarnos. Con tiempo, con pausas, con espacios, entendiendo que el fútbol es acíclico, es decir, con cambios de ritmo. El cambio de ritmo está dado por dos motivos: la velocidad de la pelota y la velocidad mental del jugador, que no muchas veces son coincidentes.

-¿Qué podés contar de la charla con Valdano?

-Después de 10 años pude conocerlo. Con él pude corroborar que hay que seguir defendiendo estas ideas. Él me contó cosas riquísimas de la época de Menotti. De él aprendió que a la pelota todos tienen que tocarla pero nadie tiene que tenerla. Para que el juego sea fluido. También me decía que el jugador tiene que hacer muchas veces lo que sabe hacer, y muy pocas veces, o casi nunca, lo que no sabe ejecutar. Es decir, que si sabe pasar o gambetear, tiene que multiplicarlo. Lo que no sabe hacer, para disimularlo, sólo tiene que hacerlo en casos extremos. Otra de las cosas que me quedó de esa charla es que, como decía Cruyff, el talento no se puede medir. Lo que podemos medir es una pasada de 100 o 200 metros, o los kilos que levantamos. Pero no se puede medir lo que tienen en la cabeza los talentos como Messi, Maradona, Riquelme, Pirlo y Roberto Baggio. También hablábamos de qué es ganar como sea. Y él me dijo: ‘Eso no existe. A mí nadie me lo supo explicar, y eso que tuve muchos entrenadores muy buenos’. Ganar como sea no existe. Hay que tener un fundamento, una idea para llevar la pelota de la defensa al centro del campo y del centro del campo al ataque. A esas tres líneas hay que respetarlas.

-Para respetar ese juego hay que lograr que todos los jugadores participen en la construcción…

-Para que los centrales jueguen, para que el arquero juegue, para que lo hagan los laterales, hay que empezar de chico. Si vos querés hacer una carrera universitaria, necesitás pasar por la primaria y por la secundaria. En el fútbol se necesita pasar por la etapa del fútbol infantil, del fútbol juvenil y del fútbol profesional. Si del fútbol infantil queremos pasar al último año del fútbol juvenil y en seis meses estar en la elite, algo nos va a faltar en el medio. Si en el fútbol juvenil no tenemos una base para salir jugando desde el fútbol infantil, vamos a crecer en la duda. Un chico que tiene 14, 15 o 16 años y se desarrolla en la duda, no tiene confianza. Si no tiene confianza, no va a iniciar una acción de juego, le va a costar terminar un ataque y, si es zurdo y le viene una pelota para definir con derecha, con 60 mil personas en la cancha, no va a querer definir con derecha por miedo a hacer el ridículo. Hay que pasar por las tres etapas. En Argentina hay chicos que debutan a los 16 años por la necesidad de venderlos, pero eso no significa que ya estén preparados para el fútbol de elite.

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-¿Cómo ves al fútbol argentino en la formación de jugadores?

-Cuando que dicen que los jugadores argentinos no están capacitados para aprender y para recibir conceptos es mentira. Yo lo vi en Bragado, con chicos de 7 años. Claro, no le voy a pedir un cambio de orientación de 40 metros. Pero sí le puedo pedir, sin decírselo, un apoyo, una triangulación, una pared. Hoy en todos lados prácticamente se está trabajando de la misma manera. Lo que debemos cambiar es el concepto del juego. Ojalá que podamos revertir el pensamiento: que antes de correr y de pensar desaforadamente, entendamos que el juego es acíclico, es de cambios de ritmo, de pausa y juego.

-En ese sentido, ¿se perdió la esencia que en su momento tuvieron los juveniles argentinos?

-Hemos desnaturalizado la idea, la de Menotti, la de Pékerman, hasta la de Bilardo, la de Bielsa… No hemos sabido crear y congeniar un producto para jugar de una determinada manera. En Europa se dieron cuenta y aunaron todo el trabajo de todos los entrenadores, bajo un ideario de la federación, que es la que le baja todos los entrenamientos a los respectivos clubes. A Julen Guerrero, en las juveniles de España, le llegan todos los jugadores de los distintos clubes con una idea muy similar a la que trabajan en la Selección. Entonces, cuando a él le llega un jugador, no tiene que explicar tanto porque ya saben cómo juegan. España tenía ideas disímiles, pero aunaron criterios porque se decidieron a trabajar en pos del fútbol español. Cuando hice la clínica en Bragado me apasionaba recrear la esencia creativa del futbolista. A aquel que tenía buen pase, buena gambeta, cambio de ritmo, buena percepción del campo, yo lo dejaba libre. No me gusta desnaturalizar la esencia creativa. Eso es un poco lo que ha pasado acá en el fútbol argentino.

-También es importante respetar el proceso de formación de un jugador, con las diferentes etapas que debe atravesar.

-Si un chico juega en infantiles y tiene 11 o 12 años, y porque es bueno en su categoría lo hacemos jugar en la categoría de 14 años, tenemos que saber que es mucha la diferencia y eso lo puede dañar. No solamente física y muscularmente, sino de la cabeza. Porque no llega a los tiempos, porque no gana un duelo, porque no puede superar a nadie, porque no gana en carrera, porque no llega a defender. Entonces, ese chico que es un talento con 12 años, al ponerlo a jugar con los de 15 ya lo estamos arruinando. Yo lo hablé con esta gente y me decía: ‘Que el de 7 juegue con el de 7, que el de 9 juegue con el de 9'. Ahora, si ya tenés uno diferente con 16 o 17 años, de a poco lo vas sumando al primer equipo’. Si el chico viene un déficit desde la infancia o la adolescencia, en el último eslabón va a fallar. Y está comprobado. Como también está comprobado que si viene bien de las inferiores, en la elite no falla.

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La clinica de Alvanezzi en Bragado fue un éxito.
La clinica de Alvanezzi en Bragado fue un éxito.

-Tras varios años en Suiza, ¿tenés ganas de desarrollar estas ideas en Mar del Plata?

-Tengo ganas de quedarme en Argentina. Mar del Plata es una ciudad un poco compleja. No sé por qué, pero fijate que yo tuve que hacer 500 kilómetros e irme a mi pueblo para hacer una clínica que se llenó de pibes y que, por ellos, fue un éxito. Eso fue un puntapié inicial, porque ahora me han llamado de Junín, de Las Flores, de Azul, de Mercedes, de Chivilcoy. Yo no soy nadie en especial, simplemente tengo un camino recorrido y soy un apasionado de la formación. Si tengo que estar bajo la lluvia con las inferiores, lo hago todo el tiempo que sea necesario, ya sea en un gimnasio o en una cancha de tierra. Quiero reafirmarme a mí mismo si se puede o no se puede hacer el trabajo. Y creo que se puede hacer.

- ¿Cómo pensás hacerlo?

-Hay que hacer docencia, tener decencia y hay que tener mucho cuidado con las edades con las que se trabaja. Yo me desprendo absolutamente del resultado. El resultado es que el jugador controle bien la pelota, que la pare bien, que se ubique bien en la cancha, que hable con propiedad, que se siente en una mesa y sepa cómo comer. Que dialogue con los compañeros, que sepa de nutrición, que sepa del juego, que hable del juego. Tenemos que lograr la autonomía del jugador, la toma de decisiones. El formador tiene que hablar en un determinado momento y después tiene que dejar hacer, para que ellos creen. Todo lo que sea dirigido tenemos que dejarlo para un auto de carrera o un avión. Con un futbolista es imposible.

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