Por Federico Bruno

El ocaso de Los Beatles, a fines del año 1969, tuvo como espectadores involuntarios a dos jóvenes argentinos que habían planeado un viaje familiar a distintas ciudades de Europa y cuando llegaron a Londres se propusieron un objetivo tan difícil como anhelado: encontrarse con la banda.

A una de sus últimas reuniones en Apple Corps, John Lennon, Paul McCartney, George Harrison y Ringo Starr llegaron por separado -signo de la hostilidad que reinaba entre ellos- y allí los abordaron Renatto Varotto con su amigo.

"Apenas pisamos Londres supimos que nuestro objetivo era conocer a Los Beatles. Yo viajé solo, porque tenía 19 y ya era mayor, pero mi amigo estaba con sus hermanas y parte de su familia", cuenta Renato, más conocido como "Rori", a Ahora Mar del Plata medio siglo después del encuentro.

Los amigos habían practicado algunas frases en inglés y casi todas tenían que ver con Los Beatles. Así salieron a la caza de cualquier persona que pudiera ofrecerles datos de su paradero o de algún lugar que frecuentaran.

Para disgusto de los adolescentes, los padres del amigo de Rori los "obligaron" a salir con sus hermanas y otras chicas que formaban parte del contingente de argentinos que había contratado ese viaje, donde se movilizaban en dos colectivos "uno de chicos y otro de padres".

"Primero fuimos por la zona del Piccadilly Circus, éramos un grupo de seis chicos con mi amigo, sus hermanas y otras dos amigas suyas. Llamábamos la atención", recuerda el fanático del rock que luego se convirtió en uno de los principales coleccionistas de discos de vinilo del país.

Después de recorrer la zona comercial y que nadie supiera orientarlos para encontrar a Lennon y McCartney, Rori se alejó del grupo cuando vio algo que le llamó mucho la atención: "En una de esas me separé para encarar a un melenudo que tenía una botas como las que usaban ellos, esas negras con un elástico en el medio, y le pregunté a dónde las había comprado". "Le causó gracia y me dijo que en Carnaby Street, entonces fui a la segunda pregunta 'qué teníamos que hacer para encontrarlos'. Y ahí directamente se rió", relata, todavía asombrado de su tozudez.

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<p>Abbey Road, el corolario de la carrera de Los Beatles, lanzado pocos meses antes de su separación.</p>

Abbey Road, el corolario de la carrera de Los Beatles, lanzado pocos meses antes de su separación.

—¿Quieren conocer a Los Beatles? Entonces vengan conmigo.

Con señas y pálidos, los jóvenes pidieron a las chicas que sigan al extraño que les había prometido lo imposible. Dieron vuelta la esquina y por primera vez desde que llegaron a la capital del Reino Unido caminaron con un destino fijo.

El hombre les comentó que trabajaba en Apple Corps Ltd., la corporación fundada por los Fab Four, y les dijo que esa tarde, en apenas unas horas, tenían pautada una reunión. Y que podrían esperar a que lleguen, que iba a ser "muy pronto". Al llegar al número 3 de Savile Row, les señaló dónde estaban las oficinas y en qué parte estaban los estudios de grabación.

Quisieron entrar con él, pero se excusó muy amablemente y les dijo, como si fuera algo común, que se quedaran a esperar a Los Beatles.

Antes de irse les comentó que era técnico de sonido y ahí Rori se acordó de su abuelo y su tío, electricistas del Teatro Argentino de La Plata, quienes le inculcaron su amor por la música y lo llevaron a ver decenas de conciertos.

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Paul McCartney con los dos adolescentes que lo interceptaron en las puertas de Apple Corps.
Paul McCartney con los dos adolescentes que lo interceptaron en las puertas de Apple Corps.

"Me hubiese gustado verlos tocar, pero fue imposible. Solo tuvimos ese encuentro casual e increíble, primero lo vimos a Paul, que llegó caminando, y le dijimos 'somos de Argentina', después le pedimos una foto a la que accedió y hasta nos dijo antes de despedirse '¿algo más?'", dice y se lamenta no haber tenido en ese momento un papel y una birome para lograr un autógrafo.

Minutos después aparecieron John Lennon y Yoko Ono, de la mano, y como el edificio tiene entradas del estilo "sótano", accedieron a una de ellas antes de llegar a los fanáticos. Además de los argentinos había una mujer que se presentó como "la presidenta del fan club del Reino Unido" y les ofreció comprar "fotos exclusivas".

La mujer les ofreció fotos de la intimidad de Paul McCartney tomadas con un teleobjetivo, les mostró un libro -casero- con algunas: estaba en pijama, en la cocina, entre otras situaciones domésticas. No lo compraron aunque con el tiempo se arrepintieron.

A bordo de un Rolls-Royce blanco con llamaradas rosa, George Harrison llegó al lugar y entró sin mediar palabras con nadie. Después lo hizo Ringo en otro vehículo de la misma marca pero más discreto; también evitó el contacto con los fanáticos.

Las hermanas del amigo de Rori y sus amigas recorrieron el barrio durante algunas horas más, mientras los adolescentes se quedaron "casi congelados" viendo a Los Beatles reunidos a través de una ventana. Fumaban, discutían, se asomaban al final.

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En 2018, Rori volvió a Londres, esta vez junto a su esposa, y recorrieron todos los lugares que lo llevaron a conocer a Los Beatles. Tuvo otro objetivo: volver a encontrarse con McCartney, ya que había conseguido su dirección.

Vestido con una remera estampada con su foto junto a McCartney y la leyenda "I was with you", tocó el timbre de su casa pero una mujer "muy amable" le dijo que estaba grabando -lo que sería el disco Egypt Station- pero que pruebe con esperarlo

Allí esperó algunas horas, pero Paul McCartney nunca apareció.

Después siguió con las paradas típicas del tour beatlemaníaco. Ese que se ofrece en distintos idiomas, a través de plataformas digitales, y que él, adolescente, ideó a fuerza de intuición y buena suerte.

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