Se lo vio tranquilo durante todo el partido y más que feliz después de la pitada final, con otra goleada en condición de visitante y puntos de oro para seguir acopiando en el derrotero más que difícil para escaparle al descenso de categoría.

Lejos de retirarse de la cancha, Diego Maradona avanzó hacia el centro del campo de juego para saludar a sus jugadores y también a los rivales que se cruzó en el camino, en un gran gesto de su parte.

También se ocupó de retener sobre el césped a los suyos y postergar el camino a las duchas para que saluden al público propio, que había ocupado buena parte de la popular Norte.

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Pero ya en el vestuario, Maradona desató su alegría con un loco baile, al ritmo del canto de sus jugadores. Una suerte de danza que lo mostró ágil a pesar de sus dolores y molestias óseas y musculares que lo tienen a maltraer hace tiempo.

Dio pasos, bailó y celebró con sus jugadores. Parece que los dolores, al menos por un rato, quedaron en el olvido. Y que para el alivio, no hay mejor medicina que una buena goleada.

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