Por Ricardo Juan

"Era muy chiquitito, la pelota era más grande que él. Me acuerdo que estaba la mamá sentada en la tribuna. Él iba, jugaba un rato y se iba, no se quedaba toda la clase. Yo no tengo mucha memoria pero de ese día me acuerdo: era muy chiquito”. Leandro Ramella no se olvida cuando Luca Vildoza pisó por primera vez una cancha de básquet. Él fue quien lo recibió en el club Kimberley, cuando Luca, el hijo del destacado Marcelo Vildoza, tenía 4 años.

“Yo conocía a la mamá, al abuelo, a la tía, a todo el mundo. La mamá jugaba al básquet en Kimberley, la tía también... El abuelo de Luca, Emilio Andrei, era el presidente de Kimberley y fue el referente del básquet del club durante muchos años”, recuerda. “Estuvo muy poco tiempo. Después, su formación de inferiores fue en Quilmes, eso está claro", señala Ramella, quien luego lo tuvo a los 14 años en las inferiores del “Cervecero” y lo volvió a dirigir a los 17, ya como profesional en el TNA para lograr el ascenso a la Liga Nacional. En 2015, Ramella tuvo una charla con Luca para que deje de mirar tanto a su papá Marcelo, siempre exigente desde la platea.

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A Ramella no le sorprendió tanto que Vildoza, de 25 años y 1,91 metros, pase de Baskonia a la NBA. Sus dudas estuvieron en los pasos anteriores. "Te voy a ser muy sincero, lo que nunca imaginé fue que su paso a Europa fuera tan rápido. Él llegó a Europa y se adaptó en seis meses. Lo que más me impactó fue cuando lo empezaron a tener en cuenta.. Hoy, que ya lo vengo viendo jugar en Europa, no me asombra. Pero su adaptación en Europa tras su paso por la Liga Nacional no me lo esperaba. Hizo un cambio impresionante”, le comenta a Ahora Mar del Plata.

“Cuando empezó a jugar en Europa, porque hubo un tiempo en el que no jugaba, era un jugador que tenía otra determinación, otra presencia en la cancha, nada que ver con lo que vimos acá en la Liga. A partir de ahí no paró de crecer y ahora realmente no me asombra nada. Ahí me di cuenta de que no tenía techo", agrega.

Nicolás Mengoni, que dirigió a Vildoza desde que llegó a Quilmes, a los 8 años, hasta los 15, considera que "fue consolidando su aspecto físico, técnico, basquetbolistico y emocional. Eso le permitió avanzar". “Cuando sale de las inferiores para jugar la Liga Nacional con Quilmes, él tiene que dar un salto desde lo personal y lo logra. En Europa tiene que readaptarse y lo logra. Son pasos y procesos que hizo y que uno no los hubiera esperado. Uno no hubiera esperado que él tuviera esta evolución tan vertiginosa para en tan pocos años salir del club y llegar a jugar donde llegó. Lo deseábamos todos, pero dependía de su capacidad de evolución y adaptación.. Tiene un mérito tremendo”, explica.

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Daniel Maffei fue el entrenador que puso por primera vez a Luca Vildoza, con 16 años, en la Liga Nacional de Básquet. Fue en la temporada 2011-12, después de ascender desde el TNA. "Ya había ido a algunos viajes. Yo le decía que si no se sacaba la gorra no lo llevábamos, porque andaba siempre con su gorrita puesta y la visera para atrás”, recuerda el “Loro”. "Tenía el talento desde la cuna, eso estaba. Yo lo veía en las formativas porque jugaba junto con mi hijo, que había venido a Mar del Plata con nosotros, en los U15. Lo iba a ver todos los partidos. Era un distinto y las conclusiones están a la vista. Yo siempre le digo que lo hice debutar en la Liga y por culpa de él me echaron”, cuenta Maffei entre risas. “En el partido con Obras, que fue el último que dirigí en Quilmes en la Liga, Luca jugó como 30 minutos. ¿Por qué jugó? Porque jugaba bien. No le regalaba nada. Para mi si tiene 15 o 54 años pero juega bien, juega”.

“Estoy muy lejos de haber sido alguien que ha incidido en su carrera. No fui el que le dijo cómo tenía que dar los pases.Tuve la suerte de haber pasado por su vida deportiva y de haber tenido una relación con él y con su familia”, remarca Maffei.

En 2016 se concretó la venta de Luca Vildoza a Baskonia. No obstante, el club español le permitió a Vildoza quedarse una temporada más en Quilmes a través de una cesión. Javier Bianchelli, que asumió en esa temporada (2016-2017) no dudó: le dio la capitanía y la titularidad al pibe en su última temporada en el país. Fueron recitales de pases, dribling, bandejas elegantes y triples, que llevaron al equipo a coronar una campaña histórica como finalista de la Conferencia Sur.

“Esa temporada fue un quiebre para él, sobre todo para afianzarse, porque él ya estaba vendido al Baskonia. La verdad que Pablo Zabala hizo un manejo impresionante de la situación, porque el Baskonia lo cedió un año más y nosotros nos comprometimos a que iba a jugar de base e iba a jugar mucho tiempo. Después terminó siendo la revelación del año, pero no es que hayamos descubierto nosotros algo, sino que era Luca el que se ganaba ese espacio", sostiene Bianchelli.

La lectura de juego era uno de los aspectos a mejorar por Vildoza antes de ir a Europa. "El último año que estuvo acá fue de menor a mayor en conducción y en estrategia adentro de la cancha, que era algo que le costaba mucho, porque al tener facilidad para anotar o para crear, muchas veces la conducción quedaba de lado. Pero lo hizo en un alto nivel y eso en Europa lo terminó de pulir. Obviamente en un nivel mucho más alto, con compañeros de mucha más jerarquía, su juego y su conducción lucieron mucho más", agrega Bianchelli.

La defensa era su otra debilidad. "Era algo que nosotros le decíamos. Leandro (Ramella) y yo le decíamos que él defendía cuando quería, esa era la bronca. Me acuerdo que con Mariano (Rodríguez) le preparábamos videos de sus situaciones defensivas y se los mostrábamos. Me parece que lo tuvo que aceptar y también tuvo un cambio en la Selección, en lo físico, en su conducta y en la defensa", analiza Bianchelli.

Para Maffei, el tiro de tres puntos también era una cuestión a pulir. “Con Pablo Favarel (NdeR: asistente de Maffei en Quilmes) nos quedábamos mucho con él, porque no era su fuerte el tiro de tres puntos. Lo que hizo después fue pulir lo que hacía bien y mejorar lo que hacía mal”, explica.

“Nosotros le recalcábamos que no siempre todo brilla, que hay que pasar los momentos duros para disfrutar las buenas cuando llegan”, recuerda Luis Cequeira, uno de los bases que lo guió en su etapa de Liga Nacional en Quilmes. “Es un chico que escucha, sabe escuchar. En Europa tuvo a Pablo Prigioni de entrenador y a Marcelinho Huertas de compañero”, apunta “Junior”.

Cequeira, que disfrutó de otra campaña inolvidable de Quilmes junto a Luca Vildoza en la temporada 2014/2015, con un recordado triunfo en suplementario ante Obras Sanitarias en un quinto partido en Nuñez, hace hincapié cómo atravesó Luca sus primeros años en Liga “Si agarrás un chico con tanto talento como él, a los 18 años, en Mar del Plata, haciéndolo bien, es muy difícil que vaya al gimnasio, que haga todo bien. Cuando no tenés tanto talento tenés que entrenar mil veces más que el resto, pero no era el caso de Luca. Pero él, al ver que los grandes hacían hora extra e iban al gimnasio, empezó a ver cosas distintas, que la Liga era otra cosa, que ese grupo tenía ambiciones grandes. Creo que lo supo ver y supo escuchar. En Europa se dio cuenta de que tenía que darle un paso más a su parte física”, sostiene.

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Maximiliano Maciel, capitán de Quilmes en los inicios de Vildoza en el profesionalismo, reconoce que el nuevo jugador de los New York Knicks "es talento y es trabajo. Y eso se lo debe haber dado el roce de estar con los jugadores de la Generación Dorada, que es el mejor ejemplo que tenemos de que al talento hay que acompañarlo con trabajo. La Selección tiene a un tipo como Scola, que todos sabemos que es un animal entrenando”.

“En cuanto al juego se le podían decir cosas y corregirle, pero tampoco mucho porque en todos los entrenamientos estaba iluminado y te pintaba la cara. Faltaban cosas que en esa edad nos faltaban a todos, como tener hábitos de ir antes a tirar al aro, de quedarse después, de pensar qué cosas mejorar y perfeccionar. Al principio le costó un poco, pero con el tiempo se fue acostumbrando a tomar los buenos hábitos. Después era muy común llegar y verlo tirar al aro, sobre todo ese tirito saliendo del pick and roll, que lo tenía muy automatizado”, destaca Maciel.

Vildoza demostró una cabeza fuerte cuando las lesiones lo persiguieron. "En el primer partido de pretemporada del TNA se quiebra las dos muñecas. La va a volcar, lo tocan y se quiebra las dos muñecas”, recuerda Ramella. “Estuvo un tiempo afuera, se perdió varios partidos y empezó a tener muchos miedos para jugar. Al año siguiente, en un partido amistoso en Miramar, también como que la va a volcar y se choca en el aire con un jugador y, cuando cae, fractura expuesta del antebrazo. Ahí yo me acuerdo que hasta pensó en dejar de jugar, porque se frustró", agrega.

“La segunda vez que se recuperó de la muñeca, en el primer entrenamiento se cayó y, por no apoyar las manos, se golpeó la cara contra el piso y se partió las paletas”, recuerda Maxi Maciel.

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LO QUE LE ESPERA EN LA NBA

Los entrenadores y excompañeros desbordan alegría por el sueño cumplido de Vildoza. Destacan el esfuerzo, el talento y el acompañamiento de la familia. También destacan a su abuela, Angélica Caviglia, que lo apoyó en cada partido con su pañuelo rojo.

“Hoy sigo pensando que no tiene techo, que se va a saber adaptar. Le llevará más o menos tiempo pero lo va a poder llevar adelante. Va a poder desarrollar algunos años en la NBA, confío en él hoy plenamente. Como no pensaba que iba a jugar en Europa, hoy pienso todo lo contrario. Es un crack y ojalá que consiga su adaptación rápido", señala Ramella. “Yo confío mucho en él. Hay mucho más espacios para jugar y anotar y él es un jugador que se puede generar sus propios tiros, que es muy difícil. Va a tener facilidades para encontrar más espacios que en Europa, porque las reglas son distintas”, añade Cequeira. "Estoy ansioso, hoy cuando se supo la noticia empecé a ver videos y pensaba: "Sí, Luca en estas situaciones puede porque tiene mucho espacio... Ya me lo imagino con la camiseta. Creo que le va a ir bien, espero que le vaya bien y deseo que le vaya bien", aporta Bianchelli.

De lo que nadie duda es de que Vildoza disfrutará adentro de la cancha como cuando era un nene. "Cuando terminábamos de jugar los partidos de mini los domingos, yo los llevaba en mi Twingo a todos a comer a Mc Donald’s. Los cargaba a todos en el auto, se metían uno arriba del otro y él siempre iba solo en el baúl porque era el único que entraba en ese lugar. Metía la cabecita por la luneta”, recuerda Mengoni.

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“Para mí no deja de ser Luquita, Luqui”, dice Maxi Maciel, antes de la última anécdota. "Un día fuimos al gimnasio, en Córdoba y Moreno y de ahí nos íbamos a Once Unidos. Yo había ido a pie y él se estaba yendo. ‘Llevame’, le digo. Me siento en el lugar del acompañante y me dice: ‘¿Por dónde voy?’. ‘¿Cómo por dónde voy? Si entrenamos todos los días en Once Unidos, vos tenés que saber ir’, le digo. Y me responde: ‘Yo se ir desde mi casa. De acá me voy hasta cerca de mi casa y de ahí, donde ya me ubico, agarro para Once Unidos. Ahí le dije que no podía creer estar bajo su responsabilidad. ‘¡Sos el base titular del equipo y no sabés cómo hacer para ir hasta Once Unidos!’. No es que era un juvenil eh, eso fue en el anteúltimo año que estuvo acá. ¡Los equipos se preparaban para defenderlo a él! (se ríe). Siempre me acuerdo de eso y ahora que lo veo jugar pienso: ‘Este pibe no sabía cómo llegar a Once Unidos y ahora va a jugar en la NBA".

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