Con la flexibilización de la mayoría de las restricciones sociales, no es raro escuchar decir a familias, amigos y compañeros cuando se encuentran con grupo: “¡Yo ahora saludo con un beso!” o “¿Y si compartimos un mate?

La costumbre del beso, la bise, fue prohibida en Inglaterra y Francia en el siglo XIV para combatir la plaga y realmente no regresó durante varios siglos. También se suspendió en 2009 por la gripe porcina según publicó Infobae. A medida que el nuevo coronavirus, SARS-CoV-2, se afianzaba, los funcionarios de salud de todo el mundo instaron a las personas a poner una pausa a los apretones de manos y los besos sociales.

El beso en la mejilla para saludarse forma parte de la cultura nacional. En Argentina, este saludo no sólo se produce durante los encuentros entre familiares o amigos, sino también a la llegada al trabajo o a las escuelas y universidades, entre colegas. En Internet proliferan los foros en los que miles de extranjeros se preguntan por qué los hombres argentinos se besan tanto. Los especialistas dicen que no siempre los hombres se saludaron con besos en Buenos Aires y que más bien es una costumbre que se instaló tímidamente en los 70 y a partir de los 90 se generalizó. Incluso, se hizo costumbre enviar besos por teléfono, e-mails y más adelante mensajes de texto al finalizar una conversación.

“La realidad pandémica nos obligó a ceder obligatoriamente a muchas situaciones de la vida cotidiana, que en parte son singularidades de la cultura local de cada grupo comunitario, pero a la vez parte del lazo social en que está constituido el ser humano, más allá de las características de su entorno cultural y su época”, aseveró el psicólogo Jorge Catelli (MN 19868), miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Y agregó: “Recibir del otro su proximidad, su afecto físico y su contacto, pasó a ser repentinamente una amenaza para la propia salud y la posibilidad de transformarse en un multiplicador de esos riesgos. Los besos, evocando aquella incorporación inicial del ser humano indefenso y necesitado, pasaron a ser el escándalo del riesgo asegurado al contagio”.

Andy Scott, autor de ¿Un beso o dos? En busca del saludo perfecto dijo el en una entrevista con National Geographic, que para muchos el distanciamiento social puede haber sido una bendición disfrazada. “Era la excusa perfecta para no dar la mano, besar o abrazar. La pandemia nos dio una certeza. Para algunas personas fue un alivio porque se eliminó la intimidad física de los saludos, y eso es algo con lo que muchos luchan, sobre todo cuando se enfrentan a alguien con quien la relación no está completamente desarrollada”, explicó.

Para Scott, la historia sugiere que gradualmente volveremos a nuestras viejas costumbres. De hecho, después de las plagas de la Edad Media y de la pandemia de 1918, los humanos aprendieron gradualmente a besarse y abrazarse de nuevo. “Mi intuición es que, con el tiempo, con la familia y los amigos cercanos existe ese instinto de reunirse con abrazos y besos. Hasta cierto punto, esto se debe a nuestra confianza en la eliminación del coronavirus. Pero habrá incertidumbre e incomodidad al respecto durante algún tiempo”, añadió.

Y en esto, el doctor Ricardo Teijeiro, médico infectólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), coincide. Hay que manejarse con el sentido común y es lógico que a medida que los casos bajan retomemos la vida que teníamos antes y con ella nuestros viejos hábitos”. Pero también advirtió: “Sin embargo, todavía tenemos circulación viral y en los últimos días esta empezó a incrementarse. Creemos que va a seguir aumentando aunque sin riesgos porque no hay grandes complicaciones en los pacientes. Sí están circulando otros virus respiratorios, además del SARS-CoV-2, y mantener la distancia y no estar besándonos por ahí previene el contagio de la mayoría”.

Cuánto dura el virus en cavidades nasales y saliva

Un equipo dirigido por científicos de la Universidad de Illinois Urbana-Champaign rastreó el ascenso y la caída del SARS-CoV-2 en la saliva y las cavidades nasales de las personas recién infectadas con el virus. El estudio fue el primero en seguir las infecciones agudas de COVID-19 a lo largo del tiempo mediante muestreo repetido y comparar los resultados de diferentes metodologías de prueba.

Los hallazgos fueron publicados en la revista Nature Microbiology, trabajo que se titula “El muestreo longitudinal diario de la infección por SARS-CoV-2 revela una heterogeneidad sustancial en la infecciosidad” y que surgió de la iniciativa SHIELD: Target, Test, Tell, el programa de respuesta COVID-19 de la universidad, que comenzó a evaluar al personal, los estudiantes y los miembros de la facultad dos veces por semana en el otoño de 2020.

“Capturamos la imagen cuantitativa de alta resolución más completa de cómo el SARS-CoV-2 se replica y se propaga en las personas durante la infección natural. No hay otros datos como este”, dijo el profesor de microbiología Christopher B. Brooke, quien dirigió la investigación con la profesora de microbiología y estadística Pamela P. Martinez y la profesora de patobiología Rebecca L. Smith. “El estudio arroja luz sobre varios aspectos de la infección que no se entendían bien, que son importantes tanto para la salud pública como para la biología fundamental”.

Los investigadores de Illinois se dieron cuenta de que los datos de prueba podrían ser un tesoro de información sobre el curso de la infección para develar, por ejemplo, qué tan rápido se replicaron las diferentes variantes del SARS-CoV-2 y cómo las personas diferían en su capacidad para eliminar la infección. “Determinar cuánto tiempo las personas infectadas pueden estar eliminando virus viables, por ejemplo, en su saliva o fosas nasales, es clave para comprender cómo se propaga y persiste el virus en una población”, precisó Brooke.

Ruian Ke, colaborador del Laboratorio Nacional de Los Álamos y primer autor del artículo, utilizó una variedad de modelos matemáticos para ayudar al equipo a comprender cómo los datos pueden reflejar los procesos de infección subyacentes e identificar los factores que influyen en el curso de la infección. El esfuerzo reveló que algunas personas estaban eliminando el virus vivo durante solo uno o dos días, mientras que otras continuaron eliminando el virus durante un máximo de nueve días. “Con base en ese hallazgo, predecimos que aquellas personas que están eliminando el virus durante más de una semana tendrán un riesgo mucho mayor de transmisión que alguien que solo tiene virus vivos detectables durante uno o dos días”, precisó Brooke.

“Este es un hallazgo clave. La gente ha observado que la transmisión viral es heterogénea, pero la mayoría atribuye esas diferencias al comportamiento individual. Asumimos que los superpropagadores son menos cautelosos o están en contacto con más personas. Esto muestra que la dinámica intrínseca de la infección también juega un papel importante”, destacó Martínez.

Los investigadores también descubrieron que las cargas del genoma viral, detectables con la tecnología PCR, alcanzaron su punto máximo mucho antes en las muestras de saliva que en los hisopos nasales. Esto sugiere “que la saliva puede servir como un sitio de muestreo superior para la detección temprana de infecciones”, escribieron. Los científicos no vieron diferencias significativas en la dinámica de infección de las primeras variantes circulantes del virus SARS-CoV-2 y la variante Alfa. Esto indica que la mayor transmisibilidad de la variante Alfa “no puede explicarse por cargas virales más altas o eliminación tardía”, añadieron los especialistas.

El equipo no vio correlaciones significativas entre los síntomas de las personas y el curso de la infección. “Si bien a menudo se supone que aquellos que tienen más síntomas probablemente sean más infecciosos, eso no siempre es cierto, sostuvo Brooke. Sin embargo, las implicaciones de esta parte de la investigación pueden estar limitadas por el hecho de que todos los participantes en el estudio eran asintomáticos o tenían síntomas leves y ninguno fue hospitalizado. “En general, este estudio ayuda a explicar por qué algunas personas tienen más probabilidades de transmitir el SARS-CoV-2 que otras”, concluyó el experto.

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